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De Justicia y Otros Mitos

  • Sergio Valls Esponda

  • Sergio Arturo Valls Esponda
  • 2017 ¿celebrar?

Las razones que llevaron a tomar la decisión de inhabilitar al próximo lunes 6 de febrero deben de haber sido profundas y altamente meditadas, pues en las vísperas de celebrar el Centenario de la Constitución vigente y el 160 de la Constitución de 1857 –ambas se promulgaron un 5 de febrero–, resultaba más que elemental conmemorar con precisión el día. La celebración de fechas históricas tiene un objetivo distinto a acomodar puentes. Se trata de identidad nacional.

Durante los próximos días estaremos desbordados de estudios, análisis, artículos, ensayos, algunos libros y un sinfín de comentarios que tendrán por tema central la Constitución del cinco de febrero. La mayoría de lo que leeremos será pródigo en alabanzas y orgullo patrio; en el otro extremo serán señalados los traidores, herejes y vende patrias que se atrevan a descalificarla o cuestionar su origen. Con algo de suerte nos encontraremos con textos que permitan una revisión objetiva y desprovista de pasiones que nublan, que nos expliquen por qué aumentó en más de 200 por ciento el  tamaño nuestra Carta Magna (la versión de 1917 tiene 22 mil palabras la actual 67 mil) ¿Por qué se ha reformado más de 600 veces o por qué retomamos contenidos de la de 1857? Pero tener claro que al hablar de nuestra Constitución precisamente lo estamos haciendo de nosotros mismos, no se debe olvidar que ella es el reflejo de nuestro pueblo, de nuestra identidad como mexicanos.

Le cuento que ante las próximas protestas en defensa de los derechos civiles organizada por activistas molestos por los comentarios sobre minorías, –como los mexicanos– que den la bienvenida al próximo inquilino de la Casa Blanca, prudente es admitir la importancia y la necesidad del muro Trump que divida territorio mexicano con el norteamericano, pero no precisamente sobre la frontera actual, quiero recordar que el Plan de San Diego, que fue una operación militar diseñada en 1915 por agentes del presidente Venustiano Carranza con el propósito de iniciar un conflicto racial en Estados Unidos que facilitaría a México recuperar los estados de Texas, Nuevo México, Arizona y California; y de haberse llevado a cabo y sobre todo de resultar victorioso, estaríamos disfrutando los comentarios del tan mentado muro pero construido al norte de nuestros estados “robados”.

Lamentablemente, cuando uno de los líderes rebeldes, Basilio Ramos, fue arrestado en McAllen, Texas, se halló una copia escrita del plan y Estados Unidos respondió incrementando sus tropas en la frontera, dando lugar a múltiples guerrillas antes que las tropas del Ejército estadunidense terminara la violencia. Nos guste o no, lo anterior es parte de nuestra historia, un plan que no se materializó. Un hecho tan trascendente debe de ser estudiado antes de ser juzgado, entender, que su origen radica en la apatía y desunión entre los mexicanos. Misma que irónicamente se empieza a revertir gracias al P. Donald. (“P” de Presidente).