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De Justicia y Otros Mitos

  • Sergio Valls Esponda

  • Sergio Arturo Valls Esponda
  • E–lecciones

 

La memoria es caprichosa. Funciona y falla a voluntad. Quizá por eso se dice que el humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Las lecciones de las elecciones del domingo no son muy distintas a las que nos deja cada jornada electoral. Revisemos algunas. Todas inician con la letra “i” de importante, ignorante e inevitable.

Irracionalidad. En México, a diferencia de otros países, nadie pierde una elección. Así, la noche del domingo vivimos un espectáculo entre infantil e irracional, en donde todos brincaban de felicidad declarándose ganadores ante la mirada incrédula, decepcionada y burlona de la sociedad.

Un politólogo reseña la forma en que, no obstante saber que eran tercer lugar en la elección de 1994, los asesores de C. Cárdenas decidieron declararse ganadores.

Ilegalidad. En nuestro país, la educación y la falta de aplicación de la ley son los dos problemas torales. Es un asunto cultural; la corrupción es solo una de sus manifestaciones. ¿En dónde está el árbitro?, nos preguntábamos quienes veíamos las ilegales declaraciones de triunfo horas antes de que cerraran las casillas. La respuesta que me dio mi hijo fue la mejor: Está en otro canal pitando el partido contra Uruguay. ¿La incontinencia declarativa será atenuante? No creo. La conducta de los partidos políticos además de ilegal es irresponsable. Al recordar que son ellos quienes hacen las leyes del país, incluidas las de lucha contra la corrupción, nos invade un desanimo colectivo.

Información. Cada vez me convenzo más de que las encuestas electorales son tributos falsos, para príncipes falsos elaborados por falsos profetas. Su fin principal es adular a quien la encarga. Si es un tercero el que la solicita, pretende quedar bien con uno o desacreditar a otro. La encuesta es para una elección lo que una prueba pericial para un juicio, en donde si no le van a dar la razón a quien la solicita, se busca otro perito que le diga lo que quiere escuchar. Diría un procesalista italiano: “No son tan distintos a un matón a sueldo”.

Independientes. Funcionó la estrategia de los partidos. Para evitar candidatos independientes invencibles mejor los hicieron invisibles. En el futuro difícilmente los veremos distintos a resentidos exmilitantes.

Incongruencia. Ganar por ganar, no importa ser incongruente con los principios. Las alianzas imposibles se hicieron posibles. Sin embargo, al momento de ser Gobierno la decepción es inevitable. Cuando el ganador es del PAN- PRD, ¿está en contra o a favor del matrimonio igualitario? ¿Le pondrá a una calle Heberto Castillo o Luis H. Álvarez? Ya con el poder son los verdaderos independientes.

Indiferencia. Lo anticipábamos la semana pasada. La elección del Constituyente de la Ciudad de México seguramente representará el voto más caro de la historia del país. Ante tan ridícula participación ciudadana, la Constitución de los exdefeños inició como su ambiente: contaminada. Distritos con 80 por ciento de abstencionismo lo confirman.

Impunidad. Las campañas se caracterizaron por su desaseo, una constante descalificación, denuncias de pedofilia, enriquecimiento ilícito, corrupción, nexos con narcotráfico y demás travesuras. Claro que la mayoría de las pruebas con que se pretende acreditar fueron también ilícitas, grabaciones telefónicas, violación de datos personales, etc. La pregunta obligada es: ¿le darán seguimiento a las acusaciones? Lo más probable es que habiten ahí en donde están la mayoría de agravios. En la impunidad.

Indudable. Los panistas saben con quién contar en 2018, los priístas saben con quién no.