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De Justicia y otros mitos

  • Sergio Valls Esponda

  • Sergio Arturo Valls Esponda
  • De película

Dentro de las reformas que acompañan al programa de Justicia Cotidiana, sobre el que ya hemos platicado, existe una que da las bases para crear un Código Nacional de Procedimientos Civiles.Me parece una buena noticia, pues debemos homologar las formas de hacer justicia civil. Es caótico que en algunos Estados existan cierto tipo de juicios como ejecutivos hipotecarias y en otros no. Quien tiene una propiedad en Chiapas, renta una casa en CDMX y contrata un servicio de transporte en Puebla está sujeto a diferentes procesos, distintos tiempos para contestar demandas, presentar recursos o desahogar pruebas, lo cual me parece, por lo menos, poco práctico.

La mejor noticia es que el proceso civil vuelve a existir. Por mucho tiempo, y en especial durante los últimos ocho años, el único proceso del que se habló fue el penal. La mayoría de las personas cree que el único derecho que importa y hay que atender es el penal. No obstante, que 9 de cada 10 juicios -sean no penales-, a la hora de hablar del debido proceso o derechos humanos pensamos en temas penales.

El cine es una clara representación de lo anterior.¿Se ha preguntado qué es lo que hace emocionante una película? La intriga. Cuando un personaje persigue un propósito y una fuerza lo obstaculiza, hay conflicto. Si el cine nos contara el día a día de las personas, lo cotidiano de vidas apacibles, no habría intriga. Lo emocionante es ver la lucha contra la injusticia para restablecer el equilibrio de lo cotidiano. Veamos. Si le pido que nombre una película sobre justicia, seguramente señalará una de contenido criminal.Y si son cinco, es probable que el resultado sea el mismo. Es lógico, pues la enorme mayoría de filmes sobre justicia que abordan ese tema. Cómo olvidar las clásicas: Matar a un ruiseñor (1962, Robert Mulligan), Doce hombres en pugna (1957, Sídney Lumet) o Anatomía de un asesinato (1959, Otto Preminger). Entre mis favoritas están: En el nombre del padre (1993, Jim Sheridian) y La raíz del miedo (1996, Gregory Hoblit).

También la materia familiar nos ha entregado buenas piezas como el divorcio más comentado en Kramer contra Kramer (1979, Robert Benton).Aquel que inicia con una herencia y dirime la tutela del hermano en Rain man (1988, Dir. Barry Levinson).O la famosa adopción de Anita (2014, Will Gluck) También abundan importantes producciones sobre ilegales manejos bursátiles, corrupción o acciones colectivas.

Lo que es un hecho es que el proceso civil aporta poco a los cinéfilos o recuerda haber disfrutado palomitas mientras se proyectaba la dramática historia de una servidumbre de paso, la aventura de una acción interdictal para recuperar la posesión o una divertida usucapión, yo no. Compañeros civilistas, aceptémoslo: nuestra materia no es emocionante. Es más, hasta el proceso laboral nos gana. Recordemos Philadelphia (1993, Jonathan Demme) o Gracias por fumar (2006, Jason Reitman) Mejor dejemos las películas a un lado antes de que aparezca en mi memoria alguna sobre un juicio agrario y entonces sí, depresión.

Hasta hace muy poco los responsables de generar el andamiaje jurídico capaz de modernizar el proceso civil habían mostrado el mismo interés en el tema que la industria cinematográfica. Las reformas que acompañan al ambicioso proyecto de Justicia Cotidiana son una fresca esperanza. Quienes desempeñamos un papel en el sistema de justicia civil estaremos atentos al nuevo guión que orientará nuestra actuación. Esperemos que a partir de su estreno, el público mexicano decepcionado ante tantos churros, recobre la confianza en las producciones de justicia nacionales. Cámara. ¡Acción!
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