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De Justicia y otros mitos

  • Sergio Valls Esponda

  • Sergio Arturo Valls Esponda
  • Día de la abogada y el abogado

 

Hoy festejamos a la profesión que, de todas las que existen, ha servido con mayor frecuencia como blanco de ataques: la abogacía.

Cuando queremos saber la razón, surge una respuesta que explica la tendencia al descrédito es el idealismo herido. El juez que castiga a los delincuentes, que resuelve los conflictos, que vigila los derechos de los más vulnerables; el litigante, que con su conocimiento de las leyes, con ética profesional, defiende a su cliente; incluso el fiscal que protege a la sociedad de los crímenes. En todos ellos se personifican antiguos y grandes ideales como en el profesor que prepara su clase y transmite el entusiasmo por tan alto valor como es la justicia. En ellos confían los débiles y oprimidos. En ellos se simboliza una vocación social que no se espera de otros quehaceres profesionales. Quizá con excepción del médico.

Pareciera que semejante responsabilidad es elegida por un sentimiento cercano a la filantropía. Ocupaciones que en pueblos primitivos deben haberse desarrollado por talento y vocación. La impartición de justicia fue practicada en muchos casos por ancianos, hombres con conocimientos de la naturaleza humana, dispuestos a pacificar y reconciliar.

El ejercicio de estas ocupaciones derivó en su remuneración, lo que causó la primera e incurable herida al idealismo. Se escrutó al juez y al abogado con minucioso celo cuando las disputas y los crímenes llegaron a ser indispensables para su subsistencia. Sin pensar todavía en los posibles abusos que pueden cometer jueces y abogados, se presentan la burla y el idealismo herido dispuestos a atacar al ejercicio del derecho en su núcleo sustancial.

Debemos replantearnos nuestra función social, dejar de ser aplicadores de leyes, arqueólogos de la justicia; nuestra principal ocupación deberá ser la de generadores de paz social restauradores de los valores que le dan origen a nuestra profesión.

Le voy a compartir unos datos. Existen cerca de 300 mil estudiantes de Derecho cursando uno de los mil 715 programas de licenciatura autorizados. El año pasado se emitieron 33 mil 631 cédulas profesionales. No es una mala noticia, la nuestra es una carrera necesaria para la cohesión social, los campos de desarrollo y especialización son variados. Lo que preocupa es qué y cómo están aprendiendo y, sobre todo, de quiénes. Faltan controles para la enseñanza del Derecho. Es grave que las personas pongan en manos de abogados mal capacitados, o simplemente negligentes, su libertad, su patrimonio o su honra. Si queremos recuperar la confianza de la sociedad debemos ser parte de la solución. Propongamos revisiones y actualizaciones periódicas a los programas y certificación a los docentes.

Pasando a cosas menos serias, le cuento las dos versiones que existen sobre el porqué se conmemora el 12 de julio.

Cuenta la leyenda que la noche del lunes 11 de julio de 1960 compartían una intensa mesa dos funcionarios federales (un mesero afirma que era el mismo presidente López Mateos uno de ellos), tres conocidos abogados postulantes y el director de un importante diario de México.

La intensidad era en razón de que el tiempo avanzaba y los naipes de la baraja española parecían favorecer en exceso a los nobles abogados. El caso es que entre espadas, copas y bastos, el oro de los funcionarios y del periodista había mermado notablemente. Ya en las primeras horas del martes 12 la fortuna empezaba a virar y las rondas de conquián sonreían ahora a otros. Ante lo avanzado de la noche y por estrategia jurídica, los hábiles litigantes iniciaron las despedidas. Los demás aducían que no era propio de caballeros retirarse mientras se fuera ganando. La repuesta de los abogados fue que no tenían pretexto para arribar a sus domicilios a deshoras un lunes. Uno de los funcionarios exclamó: “Si es ese el problema, digan que estaban proponiendo la creación del Día del Abogado”, mientras reían y preguntaban ¿Cuál día del abogado? De pronto se escuchó al director del “Diario de México” en un tono enérgico decir al teléfono “¡Paren las prensas!”

Si bien esa versión no ha sido confirmada, tampoco ha sido negada.

Otra razón de la elección de la fecha, es que fue un día como hoy pero en 1553 cuando se impartió la primera cátedra de Derecho en México. Ocurrió en la Universidad Pontificia.

¿Usted con cuál versión se queda? ¡FELICIDADES COLEGAS!