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De Justicia y Otros Mitos

  • Sergio Valls Esponda

  • Sergio Arturo Valls Esponda
  • Virtudes judiciales

Nadie, según me parece, dudaría que la perseverancia es una virtud. ¿Y qué es lo virtuoso? Aristóteles lo describe como excelencia de carácter, es decir, disposición para discernir y ejecutar lo que es bueno. Las virtudes son puntos medios situados entre dos vicios (exceso y carencia). Pero no nacen en nosotros, más bien en razón de que tenemos la capacidad de recibirlas, se adoptan por medio de la costumbre y la voluntad.

Ahora bien, existen virtudes enfocadas a cierto grupo social que sirven para lograr excelencia en el desempeño de su actividad; éstas son las llamadas virtudes profesionales, que no son distantes a las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y, sumadas a otros atributos, conforman características especiales dentro del perfil profesional de una persona.

De esta forma encontramos las virtudes propias de los impartidores de justicia. Reflexionemos: ¿Quién es el mejor juez? ¿Qué características son necesarias para ser un buen juzgador? Al respecto, el jurista argentino Rodolfo Luis Vigo nos dice que, en un primer momento, podría pensarse que es juez quien reúne los requisitos formales establecidos en la ley para ser tal. Sin embargo, enfatiza, se requiere algo más que saber Derecho y haber reunido dichos requisitos. Se necesita vocación judicial, pues el valor que distingue a la función jurisdiccional es la justicia y quien determine lo justo tendrá que reunir una serie de cualidades que no solo convaliden su conocimiento técnico sobre el Derecho, sino que lo legitimen también por su autoridad moral, esto es: ni los conocimientos ni la vocación por sí solos son suficientes para ser buen juez, sino que se requiere el componente ético.

Por otra parte, hablando específicamente de la perseverancia en el ámbito judicial puede ser vista como la constancia en el desempeño de la actividad jurisdiccional, lo cual implica permanencia, firmeza, congruencia y tenacidad en la consecución de alguna tarea. Caracteriza a aquellas personas que son constantes hasta cumplir con las decisiones que han tomado aunque surjan dificultades. Es decir, se proponen triunfar en cada circunstancia manteniéndose firmes en la prosecución de las metas propuestas.

Un ejemplo de la perseverancia dentro de los Poderes Judiciales es la carrera judicial. Toda vez que un servidor público judicial al presentar cursos, exámenes o concursos, puede aspirar a mejorar sus condiciones laborales, lo cual se logra por medio de la mencionada cualidad.

Otro valor es la laboriosidad, que se define como el esmero en el desempeño del trabajo. Esto caracteriza a quienes realizan su labor con empeño y cuidado, atendiendo los pequeños detalles y tratando de conseguir el mejor resultado posible. Es hacer más que cumplir con lo obligatorio o lo mínimo requerido, pues supone un esfuerzo suplementario para conseguir un logro adicional. Un ejemplo, dentro de los Poderes Judiciales, es el referente a que un juez acuerda con sus secretarios que realicen al menos tres proyectos de sentencia a la semana, en atención a la carga de trabajo, y uno de ellos no se conforma con lo solicitado, antes bien se da a la tarea de proyectar más de tres sentencias a la semana con especial dedicación y prolijidad.

En la función diaria, ante el cumplimiento de plazos y cargas de trabajo, pocas veces nos detenemos en estos temas. Qué mejor que ocupar estos días de necesario y obligado periodo vacacional para reflexionar sobre dos virtudes propias de una verdadera impartición de justicia. Tema que la sociedad no reclama. ¡Exige!