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De la soberbia, indiferencia, simulación y corrupción gubernamentales (III) / Bety Zanolli Fabila

  • Betty Zanolli

El pasado 26 de febrero, la Comisión Nacional de Hidrocarburos y la Agencia Nacional de Seguridad Industrial y Protección al Medio Ambiente en el Sector Hidrocarburos otorgaron las primeras autorizaciones oficiales a Petróleos Mexicanos para realizar perforaciones de pozos en tierra por medio del empleo de la deletérea y estéril fracturación hidráulica o fracking. Se trata de los campos exploratorios ubicados en la Sierra Norte de Tamaulipas (El Semillal) y en los alrededores de Poza Rica en Veracruz (Maxóchitl y Kaneni). Autorizaciones para las que además no se celebró discusión previa ni mucho menos consulta a los pueblos ubicados en la zona, pero el problema es mucho mayor, su gravedad es extrema y supera cualquier expectativa pues extraoficialmente en México por lo menos están ya en operación casi un millar de pozos perforados con fracking: más de 230 en Puebla, cerca de 200 en Nuevo León, un centenar en Tamaulipas, alrededor de 50 en Coahuila, más de una decena en Tabasco y ¡350 en Veracruz! Sí, son un escándalo la irresponsabilidad y secrecía con la que las autoridades federales y locales han permitido operar fuera de la ley en Veracruz (entidad totalmente repartida ya por bloques para la explotación petrolera). Lo trágico es el cobro de sus primeras facturas. Más de 170 pozos, según la Asociación Mexicana contra el Fracking, están ubicados en la región del Totonacapan a la que están ya impactando –desde Papantla a Jacomulco-, en municipios como Poza Rica, Coatzintla, Álamo y Papantla, donde es ya evidente el incremento de alergias, casos de cáncer, afectaciones respiratorias así como comportamientos totalmente inusuales de su suelo. Tema en el que me concentraré.

Geomorfológicamente hablando, el Estado de Veracruz posee una gran diversidad al presentar seis de las 14 provincias geomorfológicas de tierra firme y 37 de las 65 unidades que comprende el territorio nacional, predominando en casi una tercera parte de su suelo el tipo vertisol –arcilloso-, sobre todo en la zona centro y norte, justo en la planicie costera del Golfo. Factor por el que la superficie de estos terrenos es irregular, caracterizada por pequeños montículos y depresiones como resultado de poderosas fuerzas oponentes, que derivan de la significativa contracción y expansión del suelo provocada por los cambios periódicos de humedad, un fenómeno que ha agudizado la degradación del suelo debido al agotamiento, compactación y disminución de la infiltración del agua de lluvia provocados por un mal manejo en el desarrollo de actividades agropecuarias y cultivo de la caña de azúcar en esta región. Lo que además ha provocado que la mecánica de suelos haga a su zona centro y sur potencialmente sensible a los movimientos sísmicos. Sin embargo, nunca hasta los últimos años la sismicidad en el Estado se disparó como ahora. De acuerdo a los datos del Servicio Sismológico Nacional, resulta por demás sintomática la curva creciente de movimientos telúricos que a partir de 2013 y hasta la fecha han tenido lugar, al pasar de 69 en 2013 a 105 en 2014 y duplicarse en 2015 a más del doble, hasta alcanzar la cifra de 230, acumulándose ya en lo que va de 2016: 45 temblores. ¿Por qué destacarlo? Porque las semanas han transcurrido y ahora las autoridades simplemente se “han rendido” ante la desaparición del río Atoyac, asumiendo que “se perdió su cauce” y que “será imposible recuperarlo”. “Es normal… no hay que especular”, refieren autoridades locales con el aval de las federales. Sí, pero el hecho es que hoy por hoy ha desaparecido el cauce de uno de los principales ríos del territorio mexicano: el Atoyac, otrora afluente de la cuenca del río Jamapa-Cotaxtla. Hecho que constituye el segundo caso que me he permitido abordar para ejemplificar la soberbia, indiferencia, simulación y corrupción gubernamentales generalizadas que laceran a la sociedad, cada vez con mayor descaro y encono.

Sí, tal vez no haya más remedio para el río Atoyac, pero otras situaciones pueden y deben urgentemente ser exterminadas, como la exploración y explotación petrolífera masiva, incontrolable e ilícita a base del fracking. Esto sí puede regularse y evitarse. La ligereza con la que las autoridades están desoyendo los peligros denunciados por la comunidad académica y ONG’s nacionales y extranjeras que conlleva dicha práctica, es criminal y abominable. Por lo pronto es por demás evidente que existe una estrecha relación entre la irrupción del fracking -que fractura y desestabiliza las capas del subsuelo y deseca a mansalva los mantos acuíferos (desde el momento en que utiliza nueve millones de litros de agua por pozo y más de 600 químicos, la mayoría cancerígenos)- con el inédito incremento de sismicidad en el suelo veracruzano y, por supuesto, con la desaparición en tan solo dos días del río Atoyac que corría por ocho municipios y del que dependían más de 10 mil personas ,a pesar de otro problema que enfrentaba, la severa contaminación. Para algunos especialistas -aparentemente el inédito hecho no está relacionada con el uso creciente del fracking, con los recientes sismos o con una falla geológica, pero otros señalan en cambio todo lo contrario: o despareció debido a una falla provocada por un sismo o por detonaciones con explosivos realizadas en las proximidades al río. Sin embargo, es quimérico pensar que se nos hablará con la verdad desde el poder, pero lo que más preocupa es que estas manifestaciones aparentemente naturales, forman parte del comienzo de la hecatombe que en todos los órdenes enfrenta ya nuestra nación.

Mientras quienes integran al Gobierno no conozcan de humildad para poder rectificar, sean insensibles a las necesidades y solo les preocupe conservar y perpetuarse en el poder, engañando y aparentando, tolerando y fomentando la putrefacción de un sistema inoperante y fallido en todos los órdenes, comprendidos el moral, social, económico, político y medio ambiental, la crisis humanitaria que padecemos seguirá agudizándose cada vez más, en la medida que sigamos siendo, como somos, una sociedad irredimible porque no puede ni mucho menos quiere cambiar.

bettyzanolli@gmail.com

@BettyZanolli