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De lealtades y filántropos

  • Camilo Kawage

1.- Los meses interminables que llevamos absortos en el espasmo del personaje que para mal ha trastocado el sentido de la coherencia, los llevamos perdidos también en la abstracción de los muy singulares vicios de nuestra vida pública, como si hubieran sido disipados o vuelto pecadillos menores de la salud y el buen juicio del ser nacional. Sea prudente retomarlos antes que sigan un curso incontenible y rebasen, también aquí, la capacidad de enderezarlos. El justificable desgaste y la disrupción que provoca en la arena mexicana el casero de Manhattan –de quien tantos dicen que ha bajado el tono porque habló con el saco abrochado y sin colgarle la corbata-, han propiciado que el brote de flores extrañas en nuestro jardín pase casi inadvertido.

2.- Figuras que habían brillado por su seriedad institucional y su constancia opacan su propia huella de un solo salto. Miguel Barbosa generó y ha mantenido un liderazgo firme y confiable en un ámbito donde esos rasgos son poco usuales y en la izquierda alcanzó un raro impulso de unidad y sensatez. Un activo valioso que ha superado severos quebrantos de salud y que ha merecido respeto entre la clase política como baluarte en el PRD, en las horas de agonía terminal que ese partido padece, le da una puntilla al pronunciarse a favor del personaje que más lo ha insultado y denigrado desde que lo repudió.

3.- Y recibo acusó el caudillo. Más tardó el senador en darle la espalda a su partido en una notoria brecha de lealtad, que el candidato en desairarlo al decir que en el suyo todas las almas de buena voluntad son bienvenidas –aunque luego corrigió-. Como si no conociera a López Obrador, en charola se colocó él, su fracción legislativa y su partido, al desdén del redentor, de quien además contradijo todas sus opiniones previas, para cosechar fruto de lo que para muchos es una candidez política de bien poca prestancia y menos astucia. Pero no quedaron ahí las
sorpresas.

4.- Para confirmar que no tenemos que ir muy lejos por las incoherencias, el esposo de Margarita anuncia que donará la pensión que tiene asignada el expresidente de la República a un centro para el cáncer infantil. Por si faltaran razones para acendrar el desprecio de la ciudadanía a una clase política de la que se siente totalmente traicionada; como si no viviera el estrujamiento de su nivel de vida en los precios de todo lo que se mueve; y como si el propio Calderón, tan afecto a perder la oportunidad, ignorara la repulsa que la sola mención de las pensiones como la suya provocan en la gente, y creyera que le corresponde por derecho divino, todavía se da el lujo de torcer el destino de su privilegio. Así, ni Trump es pretexto.

5.- Con razón, vividores de la tragedia y mercenarios de la compasión postulan candidaturas y cobran simpatías. Ya vemos en campaña al aspirante de los 43, de la mano con un férreo y reciente crítico del sistema como el señor Figueroa, que holgadamente ha cobrado por años del Gobierno como consejero electoral del IFE y que ahora destila fuego contra las instituciones, maldice a los políticos y saluda espíritus pulcros y decentes como el del apóstol de los derechos humanos. Y ahora son imanes de la modernidad, estas joyas, que si bien nos va, lo que logren será pulverizar aún más el voto para que nadie gane, y México pierda.

6.- Con tanto “salvador de la patria”, unos más espontáneos y filántropos que otros, en lugar de llamar a elecciones el año próximo, lo más apropiado será convocar un sorteo federal para ver quién apaga la luz.
camilo@kawage.com