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De música y danza / Beatriz Paredes Rangel

La imagen sobre México que se reproduce con mayor frecuencia en algunos medios internacionales, derivada, sin duda, de dolorosos hechos de la realidad, es la que se vincula con las atrocidades que comete el crimen organizado, con las fugas espectaculares de delincuentes, o con casos de corrupción. Es natural, se piensa que las noticias negativas, con cierto tono de estridencia, atraen más la atención. Además del valor innegable de la denuncia y del relato de la realidad, por difícil que ésta sea, que es responsabilidad del buen periodismo.

Sin embargo, está en la legítima preocupación de quienes ejercemos la diplomacia, lograr proyectar, también, los lados positivos de nuestro país, las conquistas de su sociedad y de sus nuevas generaciones, y no solo las dramáticas historias de quienes mueren en cruentas batallas entre bandas, o delinquiendo.

Pero allí, las palabras no son suficientes, los reportes o informes con cifras positivas no logran conmover o impactar tanto como los otros hechos, y así, sin que sea el propósito, se va generando una imagen incompleta, y oscuramente ensangrentada, de lo que es México.

Sin pretenderlo, y estando muy lejos de la intención de generar contrastes, en relación a la proyección negativa existente, y con la única  idea de difundir el arte popular mexicano, consciente de que la cultura popular de nuestra patria es una de nuestras fortalezas.

Invitamos al Ballet Folclórico de la Universidad Veracruzana a presentarse en Brasil, con motivo del 450 aniversario de la Ciudad de Río de Janeiro. Los festejos del 450 aniversario de la “ Ciudad de Maravilhosa” convocaron a grandes artistas del mundo, y muchos países participaron enviando sus mejores expresiones culturales.

Los jóvenes veracruzanos nos representaron con gran calidad artística y dignidad. Un ballet estudiantil que por su prestancia y creatividad merece el rango de profesional, proyectó el arte regional mexicano, el de Veracruz; habló de nuestra alegría y espíritu comunitario, y mostró, con evidencias, que la juventud de nuestro país, también está participando activamente en actividades constructivas y respetables socialmente, y no solo está atrapada en el precipicio de la delincuencia.

La gira del ballet de la Universidad Veracruzana tocó varias ciudades de Brasil. Empezando por Río de Janeiro, fueron también a Petropolis, la ciudad que era el sitio predilecto del emperador Pedro II, llegaron a la capital de Brasil, Brasilia, en donde se presentaron en dos de sus ciudades suburbanas: Ceilandia y Gamma, acercándonos así, aún más, al pueblo de ese gran país, y en Sao Paulo, estuvieron en Santos, en Campinhas, y  “cerraron con broche de oro” sus actuaciones, en un prestigiado teatro de la  gran metrópoli paulista, que estuvo lleno a reventar, y en el que la comunidad mexicana que habita en Brasil se dio cita, para celebrar nuestra fiesta nacional.

La precisión de las y los bailarines, la plasticidad de sus cuadros, la belleza del vestuario, la intensidad de sus músicos, y sobre todo, la alegría, la alegría del pueblo mexicano, que también existe, a pesar de todos los avatares que enfrenta y ha enfrentado a lo largo de su historia, esa alegría con la que los jóvenes danzantes invitaban al público a incorporarse al escenario, a bailar, logrando una extraordinaria comunión por las cosas buenas que unen a los seres humanos, el arte y la música, han fungido como la mejor diplomacia que podíamos hacer para proyectar lo positivo de nuestro país.

Los mexicanos que presenciamos las actuaciones del ballet, nos sentimos muy orgullosos y emocionados. Los brasileños que a través del arte de nuestros muchachos conocieron al verdadero México, saben, ahora, que somos un gran país, lleno de claroscuros, pero con luces esperanzadoras.

Gracias a la Universidad Veracruzana por el esfuerzo de fomentar el arte entre los jóvenes, y formar y sostener a un grupo de alta calidad. Gracias, al pueblo de Veracruz, por propiciar, con su autenticidad y amor por la vida, un arte popular tan profundo y conmovedor.