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De pillos y pillerías

  • Catalina Noriega

El par de socavones semanales nos tienen en el ácido. Lo sucedido con el Paso Express de Cuernavaca y el desastre de la primera audiencia de Javier Duarte provocaron la ira generalizada de una población, estupefacta.

Si la “percepción” sobre la podredumbre, la incompetencia y el cinismo de las autoridades alcanzaba niveles pocas veces vistos, ahora llega a la estridencia. Y ellos, más frescos que una lechuga, ajenos a una realidad que, tarde o temprano, los obligará a bajarse de su Olimpo.

De lo más grave, las declaraciones del secretario de Comunicaciones -Gerardo Ruiz Esparza-, quien en plena prepotencia y soberbia, afirmó que “la renuncia se la tenía que pedir su jefe”. Si tuviera diez centavos de dignidad, la habría presentado ipso facto.

Las obras sexenales a su cargo han estado llenas de pifias. ¿Es lógico que se otorgara una licitación a un par de compañías en tela de juicio?  Tanto la española Aldesa, como la mexicana Epcor, jalaban una carreta de mala fama.

Aldesa salió de Perú por piernas, tras cometer una sarta de irregularidades en un contrato. En León, Guanajuato, se comprometió a entregar la primera etapa del distribuidor vial Benito Juárez, a finales del 2016. La obra está detenida por fracturas en el asfalto, fallas en el sistema hidráulico y losas levantadas.

Probó que es incapaz de manejar una construcción,  en la que se deban controlar grandes volúmenes de agua y, a pesar de que la SCT ya le había rescindido un contrato, lo convocaron de nuevo. ¿Quién o quiénes fueron los gananciosos? Huele a chamusquina.

Las compañías de la madre patria están a la reconquista y proliferan en el campo de las obras monumentales. Mientras sus pares aztecas, conocen al dedillo los avatares técnicos y podemos presumir de tener grandes especialistas, los foráneos se quedan con la mayor tajada, así lleguen rodeados de un halo de corrupción (OHL). Piensa mal y acertarás.

El ventilador de la vileza aventó excremento por todas partes. El desgobernador de Morelos pidió que se nombrara delegado de la SCT, a un individuo que era “maestro de inglés”. Pifia tras pifia, además de dobletear el precio del Paso Express, llevó a la muerte de un padre y su hijo. Para el descarado de Ruiz Esparza, un “mal rato”. Para los familiares, rabia y resentimiento contra un régimen nefasto.

Obras inconclusas y mal hechas. Según los peritos, con haber cambiado las tuberías se habría evitado el accidente. Las responsabilidades saltan a la vista y se les aplicará alguna sanción, aunque el verdadero culpable se apellida Ruiz Esparza y, tenga por seguro, que para él no habrá castigo.

¿Y la primera audiencia del sátrapa de Javier Duarte? Ya sabemos por qué se reía en Guatemala. Estaba consciente de que su caso se desmoronaría. Lo advirtió “Eje Central” y lo ratificó Raymundo Riva Palacios: las dos carpetas acusatorias, mal hechas y solo en base a la denuncia del líder de un partido y de una auditoría de la Auditoría Superior de la Federación y del Órgano de fiscalización Superior del Estado. Todo endeble, hecho a la medida para proteger el caso de corrupción más escandaloso, de que se tenga memoria.

Para facilitarle al “Nuevo PRI” la impunidad. Para que Javidú  repose las lonjas en un penal –en el que gozará de todas las comodidades-. En menos que canta un gallo, el exmandamás de Veracruz saldrá libre, a disfrutar del histórico robo a una entidad.  Y el segundo, que debía entregar su renuncia, es el procurador Cervantes.

De socavón en socavón, el PRIgobierno cavó su tumba.
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