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De puño y letra

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

Lo que más disfruto es el correr de la tinta en el papel, al trazar palabras. Más sutil que un golpe de tecla, sea quizá eso, parte de nuestra creciente indolencia.

Hace tiempo que no te escribo una carta a mano, de puño y letra. El tiempo ha venido avanzando, por momentos más codicioso; por otros con mayor intimidad y confianza, en otros, con terrible locura, locuacidad pura. Pero siempre, el simple hecho de mirarme en tus ojos y que tú te mires en los míos, observar tu carita, sí, tu carita, anonadada yo, me hace avanzar hacia ti, tocándote sin hacerlo, pero provocando que lo sientas.

Sé que las palabras son más sencillas, pues pueden reflexionarse al estar escritas. A diferencia de solo dar paso a ellas, estando yo frente a ti.

Amo esas, tus pestañas traviesas. Ese rostro de cotidiano serio, al que logro de repente hacer sonreír. Lograrlo es un albur, pero también es un sueño. Eres tan hermoso cuando sonríes, que lo harías más seguido si te lo creyeras.

La apuesta es siempre llegar a la luna contigo y a una distinta cada vez. No al sol, porque ese de por sí es ya incandescente, y nuestra temperatura, apenas para la luna, apenas para derretirla.

¿Qué cómo se llama al amor? ¿Qué cómo se llama a la pasión? ¿Qué dónde me encuentro parada? Sostenida en ti me descubro. Recorriendo con mis labios tu cuerpo entero.

Recuerdo alguna tarde de locura en que la ropa sobra y que desesperados llegamos, cerramos la puerta y lo importante era desnudarnos presurosos, hirviendo nuestras pieles. Me gusta lo pausado, pero también así se disfruta.

Me gusta lo que toma tiempo, lo que va encendiendo,avivando. Así como la leña, como una fogata.

Rozar tu cuerpo y sentir como va despertando a mis caricias es someter a la duda, es saber que la maravilla del mundo se abre a mi contacto. ¿Sabes lo que significa sentir eso? ¿Sabes el poder que me otorgas en ese instante y esa inspiración que me provocas, pero que al tiempo, logra conmoverte? Deseaba tanto escribirte, así, a mano.

Esas distintas fantasías compartidas, pero siempre con tu mirada de frente, airosa, con tu cuerpo soberbio y trémulo a mis sentidos.

Tú conoces todo lo que me gusta, pero también podemos jugar a ser otros y redescubrirnos en los placeres. Hacer las cosas distintas, porque para qué es más que la verdad que a la hora en que estamos cuerpo a cuerpo, desnudos, el amor no importa, importa el sexo, todo aquello que podemos hacernos sentir.

Retardar los instantes… No es cuestión de ideas a quemarropa. Sé lo que te gusta, pues resulta que a un hombre, igual que a una mujer, nos encanta recuperarnos a través del contacto con el otro. Si tú me tocas, me reconozco; de no hacerlo, me pierdo. Si yo te recorro, te toco con mis uñas, mis yemas, mis dedos, mis labios, mi lengua, mi cabello. Vibro.

Conozco tus zonas erógenas mejor que nadie, y sé que si no fuera yo quien acariciara, otras zonas podrían ser despertadas. Yo he descubierto la planta de tus pies, tus axilas…, que te excitas al mordente la tetilla, que los besos nunca están de más, en ningún momento, tras tus orejas o en tu cuello.

Mi aliento, tu aliento; el olor de tu sudor, único para mí.Conservo en mi memoria corporal, en mis sentidos, tu olor, tu sabor y tus emociones. Tus sonidos, tu gemir, que acaso, fuera de contexto, parezca obsceno. Y sin embargo, el trabajo es encontrar en ti cada vez, un cuerpo nuevo.

Excitación plena, que contagia todo mi cuerpo. Mis dedos en tu escroto, en un vaivén y mi lengua recorriendo esa torre creciente, hasta que decido dominarla y cobijarla con mi boca. La fricción, que promueve la electricidad. Como cuando toses en la noche, y observas destellos. Energía que brilla.

Acariciar tu cuerpo es plenitud, es osadía. Ese dócil que nunca serás con tanta ropa, pero sin ella: ternura –imperio al cabo. Eres dominio de ti mismo y del territorio. Sueños compartidos para seguir llevando a cabo cada una de las fantasías que la imaginación nos de. Componendas, besos, mordiscos, sonrisas y altanerías al infinito, incluso extraños placeres.

Presiento…, que nunca reconoceré todos los escondrijos, que el descubrir es permanente: De puño y letra.
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