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¿De qué muro divisorio habla?. Desde Tacoma, Washington / Ma. Antonieta Collins

  • María Antonieta Collins

 

He esperado estar lejos del barullo que Trump tiene formado para poder escribir en paz sobre lo que en realidad significa construir una cerca divisoria entre dos países y que en la mente del candidato millonario constructor de edificios de lujo no está contemplado ni en sus más guajiros sueños.

¿Qué cree él? ¿Que la línea divisoria con México que pretende es asunto parecido a negociar con las autoridades de Miami Beach o del Doral para hacer sus instalaciones? ¡Qué equivocado que está! Hacer esa cerca divisoria tan especial como la que le ofrece al electorado que quiere detener la inmigración que llega del sur, es algo más que la retórica que emplea, ¡por favor!

¡Qué sabe el magnate de tantas cosas que necesitaría saber antes de hablar y que sus asesores no le han informado!

Por ejemplo, para comenzar tendría que conocer lo desconocido de la frontera entre México y Estados Unidos. Negociar en principio con la comunidad nativo-americana de los Tojon-Odam de Arizona, que poseen una buena cantidad de tierra limítrofe con la zona de Nogales, Arizona. Esa reservación de los nativos americanos no cedería ni un solo centímetro o pulgada de su territorio tan especial para permitir que les construyeran ahí un muro divisorio. Sea quien fuere.

El señor Trump ignora que por siglos ahí ha existido con los Tojon-Odam un paso divisorio entre México y EU, cuestionado, sí, por el tráfico de drogas, pero que está abierto y que tiene características especiales. Ahí, día y noche hay guardia de la Patrulla Fronteriza. Pero no hay una entrada como tal. Únicamente una puerta, de las puertas de hierro para los ranchos, es la llamada Puerta de San Fernando, que ni siquiera figura en algún mapa, pero que opera únicamente, para los miembros de esa reservación de los Tojones. Nadie que no sea de esa comunidad puede pasar. Nadie. Es su exclusivo puerto de entrada a EU, y solo de ellos, y no lo cederían a nadie ni por nada. Es asunto de históricos tratados y ahí eso se respeta.

¿Y cómo es el lado mexicano de tan sui generis lugar? Inimaginable. Simplemente es el patio de muchas casas que se han construido ahí y que muchos miran con desconfianza porque saben que cualquier cosa puede cruzar desde ese punto.

La realidad es que ahí nadie podría hacer nada para cerrar el paso entre los dos países con una barda inmensa, como tampoco pueden hacer nada con las cientos o miles de millas que son áreas protegidas por acuerdos de medio ambiente, y peor aún: hay zonas como en Ciudad Juárez, y cientos de pequeñas comunidades limítrofes, donde acuerdos internacionales impiden la construcción que desviara el cauce del río.

Ya ni que hablar de la conflictiva zona del Valle del Río Grande donde en sitios como Sullivan City con alturas de más sesenta pies de profundidad hacia el río, una barda sería punto casi imposible de edificar ahí para detener el cruce de droga. Los lugareños saben que los que trafican y que son perseguidos, se lanzan desde lo alto con todo y autos y que desde el lado mexicano a nado recuperan la mercancía, por tanto, una barda divisoria sería punto menos que imposible de levantar.

Así que cuando escucho hablar de la construcción de un muro entre los dos países, de inmediato pienso en que, si en verdad conocieran el tema, no se atreverían siquiera a mencionarlo en imposibles promesas de campaña, por el solo susto de quedar catalogados como los poseedores de una ignorancia tan grande como una catedral. Y no hay más.