imagotipo

De última hora / Punto de Vista / Jesús Michel Narvaez

  • Jesús Michel

Sobre las rodillas, al vapor y al cuarto para las doce, solía decirse de los legisladores federales –senadores y diputados- que aprobaban un cúmulo de reformas constitucionales, leyes secundarias y corchalatazos en la última sesión de un periodo ordinario. Inclusive, se inventó el “reloj legislativo”, cuya función era la de tener un día de 30 o más horas.

Aunque dos temas tenían ya modorra: la reforma política del Distrito Federal y la Ley Federal para Prevenir y Sancionar los Delitos Cometidos en Materia de Hidrocarburos, finalmente en sesión ininterrumpida fueron aprobados los dictámenes a las minutas de la Cámara de Diputados. Otra: la Secretaría de Cultura recibió el visto bueno, y por ello se reforma a la Ley Orgánica de la Administración Pública, con lo cual se cumple el compromiso presidencial.

Difícil el acuerdo para la del Distrito Federal. Las negociaciones entre los coordinadores parlamentarios fueron de horas y horas porque no había acuerdos. Hasta que el sentido común, el menos común de los sentidos, hizo acto de presencia y se determinó que no había razón para castigar a los capitalinos.

Aprobada, de inmediato se envió al Constituyente para que corra el trámite correspondiente y en cuanto 16 de los congresos locales la avalen, la reforma cobrará vigencia en el momento en que sea publicada en el Diario Oficial de la Federación.

En cuanto a la ley dirigida a impedir las ordeñas de ductos, habrá de decirse que los legisladores se tardaron innecesariamente para aprobarla.