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Defeños o Citadinos… | Gabriela Mora Guillén

  • Gabriela Mora

…Pero eso sí, muy confundidos. Y es que tan solo en esta última semana, la vida de esta ciudad capital dio un giro histórico y trascendente, no solo con la aprobación del Senado a la Reforma Política del DF para convertirlo en una entidad federativa, no en el Estado 32, puesto que para ello los poderes federales deberían trasladarse a otro lugar; sino que además ha entrado en vigor el nuevo Reglamento de Tránsito, y esto sí es ya una tortura…

La aprobación de la Reforma Política sin duda es un hecho histórico que se da después de 191 años de lucha, aunque realmente más intensa en los últimos 15; ahora la duda es ¿en qué mejoraremos los capitalinos? A decir de las autoridades en la materia, en muy poco, quizá en nada.

Es cierto que la Ciudad de México (CDMX) tendrá igualdad política con respecto al resto de los Estados, teóricamente con autonomía y Constitución propia –documento que deberá estar terminado el 31 de enero de 2017 y entrará en vigor un año después- y contará con la ventaja de ser la única entidad del país que recibirá recursos federales para educación y salud; pero en definitiva, esto no es un triunfo para sus habitantes, se trata única y claramente de un acuerdo entre partidos políticos.

Además, cabe señalar que con la reforma nadie se convertirá en ciudadano de primera o de segunda ni implica mejora alguna respecto a la relación entre gobernantes y gobernados; sin embargo, sí aumentarán los cargos y recursos a repartir, dado que estarán funcionando 16 alcaldías –podrían llegar a 20- con sus respectivas maquinarias de operación…

Así las cosas. La Ciudad de México, hasta ahora capital del país, continuará con su ritmo de vida habitual en materia económica, política, social y cultural, y en muchos aspectos, ciertamente los avances más significativos del país; pero no podemos omitir igualmente los intensos problemas de limpieza, falta de agua, caos vial, obras desordenadas y remodelaciones sin sentido, corrupción y muy preocupante e igualmente importante, inseguridad.

Pero vayamos ahora al segundo de los temas trascendentes para los aún capitalinos y que ha venido a cambiar nuestras vidas… Entró en vigor el nuevo Reglamento de Tránsito y aunque ciertamente era necesario promover una cultura vial para motivar el uso adecuado y cívico de las vialidades, tanto por parte de los conductores vehiculares como de los peatones, ello no tendría por qué implicar la promoción de las facultades para sancionar y, más aún, amedrentar de los policías de tránsito.

Es cierto que somos los ciudadanos en gran parte responsables de la falta de educación y cultura para conducirnos por las calles, y sin dejar de lado la mayor responsabilidad por parte de la autoridad, es cierto también que hemos fomentado la corrupción y muchos de los problemas que nos aquejan; sin embargo, de ninguna manera la respuesta habrá de traducirse en más sanciones, multas e inseguridad con un nuevo reglamento vial: son necesarias las normas que regulan la circulación en la vía pública y la seguridad vial, pero no mediante abusivas multas en tiempos de crisis o el exhorto a la extorsión por parte de la autoridad…

Está a la vista de todos nosotros observar a los agentes de tránsito a la caza de multas y sanciones a los conductores –principalmente particulares, porque el servicio público, al parecer, es inmune-, lejos de agilizar la vialidad o salvaguardar la seguridad de sus conciudadanos; y qué decir de las grúas que en innumerables ocasiones y siempre, de manera prepotente, se llevan vehículos, muchas veces ubicados en vialidades que ni siquiera cuentan con señalamientos que prohíban estacionarse.

Las evidencias sobre casos que documentan los abusos policiales se presentan cotidianamente con solo transitar por las calles de la ciudad, sin menoscabo de los abusos que también cometemos los ciudadanos; no obstante, si no se establecen la profesionalización y los mecanismos de control adecuados, el aportar mayores facultades a los integrantes de una corporación policial desordenada y descontrolada, solo acarreará mayor corrupción de la ya existente.

Al Estado –a cualquier nivel- corresponde garantizar la seguridad de sus habitantes, lo cual incluye promover la cultura vial. El caos en que vivimos evidencia un rotundo fracaso y no se limita a modificar el Reglamento de Tránsito.

gamogui@hotmail.com