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Del Estado de bienestar a la negación de la dignidad humana: La UE / Un Cuarto Propio / Lucía Raphael

  • Lucía Raphael

La mirada de un pequeño de no más de 10 años, se clava dolorosa desde una embarcación llena de niños, abrazando a un hermanito menor llora angustiado con un gesto que no puede dejar indiferente “¿Por qué?” parece gritar con los ojos. La fotografía ilustra un artículo del semanario francés L’ Express Bussines que explica una nueva política de la Unión Europea que hiela la sangre. Dentro de las clausulas de la legislación europea una de ellas permite a las asociaciones caritativas o voluntariados que presten ayuda a los migrantes, sin ser acusadas de “tráfico humano”, al parecer esta excepción en dicho cuerpo de leyes europeo busca ser suprimida. A partir de tal reforma las personas que quieran socorrer a los migrantes no podrán hacerlo de manera espontanea, estarán obligados a inscribirse antes en una lista en la policía local, si no quieren ser acusadas de “traficar con seres humanos”.

Esta medida propuesta por la cabeza del organismo internacional, está condenando una práctica humanitaria, cuya omisión es considerada un delito por convenciones internacionales en materia de derechos humanos: “la no ayuda a personas en peligro”; es decir, la Unión Europea está por implementar una medida legal, absolutamente ilegal. Esta medida expone el nivel de negación de los más altos principios de la Democracia, arrebatando y destripando derechos fundamentales, bajo el discurso de proteger a quienes están protegidos por la UE. No se dan cuenta de que al violar los derechos de los migrantes y refugiados, están masacrando los derechos de los mismos ciudadanos europeos. El sistema de Gobierno con el que nos enfrentamos es un sistema que engrosa día con día las filas de la marginalidad, cercándose sobre sí mismo, adelgazando las filas a unos cuantos privilegiados. Ya ni siquiera se preocupan por ser políticamente correctos; mercan con personas, arrebatan derechos, nos convierten, en objetos prescindibles. No se trata de una metáfora, esta noticia es una clara muestra de cómo, lo que antes se legitimaba desde el Estado de bienestar, desde el Estado de Derecho, aquellas leyes hechas para la dignidad humana pierden su sentido, con la economía al centro de todo y desvirtúan el derecho. Leyes como la que pretende imponer la presidencia holandesa de la UE, utilizan un concepto como el delito de “trata de personas” para obligar a la gente a cometer el de “no ayuda a persona en peligro”. Tergiversando las cosas, estos gobiernos neoliberales, este capitalismo deshumanizado y a destajo, va forzando a las personas a renunciar a su humanidad, a su dignidad, a su capacidad de reacción, logrando hacer de nosotros, ya no ciudadanos pasivos, sino cardúmenes anestesiados, listos para servir, cuando nos toque en turno, de alimento a los tiburones.

En el diario Liberation, María Malagardis, enviada especial del diario galo, publica un artículo sobre los habitantes de Lesbos, quienes desde el día uno, que comenzaron a aparecer esas lanchas cargadas de migrantes sirios en el horizonte, no han dejado de acudir a su ayuda. Y me permito citar partes del artículo, con todo mi respeto y admiración por lo que transmite y como lo transmite. Me detengo en la frase de un pescador, Giorgos, cuyo nombre aparece ya en una placa que una familia afgana pidió que fuera puesta en honor de quienes los ayudaron en una situación parecida, 6 años atrás. “¿Quien puede olvidar los gritos de pánico de los niños perdidos en medio de las olas? Cuando regresas a casa, eso te sigue”. Me quedo con él, aunque Malagardis recaba testimonios conmovedores, tanto de los habitantes de la isla, que no han parado de acudir en su ayuda, como de los migrantes refugiados que hacen entender de qué realidades invivibles deben estar huyendo, para aventarse al mar a buscar algo menos terrible, cuando ya lo es. La experiencia de estos griegos en plena frontera entre el adentro y el afuera (frontera que la UE quiere recorrer dejando a Grecia fuera), es la metáfora de una realidad: No podemos resguardarnos en las cuatro paredes de un espacio que llamamos “hogar” y cerrar los ojos, la mirada del joven sirio nos habita, los gritos de esos niños, de esos adultos desorientados y en pánico es parte de nosotros. “Esta vez, dice Aphrodite Vati Mariola, nativa: Es como si todas las tragedias lejanas del mundo hubieran aterrizado bruscamente en nuestro corazón”. ¡No podría haberlo dicho mejor! Aterrizan día a día en el corazón de nuestra ciudad, de nuestros barrios, de nuestra realidad, y cerrar nuestras puertas y nuestros oídos no los desaparecerá. Ellos son nosotros, y no solo los sirios; los guatemaltecos, los hondureños, los salvadoreños, los mexicanos… “Nosotros” terminaremos siendo totalmente ellos si no renunciamos a esta pasividad maligna.
FUENTES: http://fr.express.live/2016/02/01/lue-veut-punir-les-touristes-et-les-associations-qui-portent-secours-aux-refugies/
http://www.liberation.fr/planete/2016/02/03/a-lesbos-j-aidais-les-naufrages-puis-je-servais-les-touristes_1430872
* Escritora e Investigadora IIJ UNAM

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