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Deng Xiaoping: el gigantesco chaparrito

  • Alejo Martínez

Alejo Martínez Vendreell

Es oportuno aprovechar el XX aniversario del fallecimiento de uno de los más grandes líderes políticos de nuestro tiempo para rememorar históricas hazañas transformadoras: este domingo 19 se cumplió tal aniversario del gran estadista Deng Xiaoping, quien generó el renacimiento y modernización de la pujante China de hoy.

Deng nació en 1904 en pañales de seda. Hijo de un terrateniente, aprovechó las ventajas que le brindaba su posición económica y fue así que en su afán de formarse y superarse pudo acudir a Francia para estudiar. Sin embargo, desde muy joven también afloró su espíritu revolucionario e idealista, contrario a las poderosas cúpulas económicas.

El corporalmente diminuto Xiaoping, con apenas 1.52 mts. de estatura, era un hombre con ideas propias, convicciones profundas y voluntad independiente, capaz de buscar su propio camino, aunque ello implicara graves riesgos de ser acusado de rebelión en un ámbito caracterizado por acentuado autoritarismo. Esa firmeza de carácter con inclinación a la rebeldía le ocasionó que al menos durante tres ocasiones fuera víctima de purgas que lo hicieron caer de las cúpulas del poder político, pero siempre encontró las fórmulas para penetrar en ellas y ubicarse o reubicarse, alcanzando sus cúspides.

Deng era un dirigente especialmente pragmático. Sostenía con frecuencia que “la práctica es el único criterio válido para conocer la verdad” y consideraba que solo experimentando con diversas fórmulas de propiedad y de producción China encontraría su mejor camino. Pero en un ambiente dominado por arraigadas ideas que enaltecían al socialismo y condenaban al capitalismo con acritud, resultaba especialmente riesgoso y contra corriente lanzarse contra esos mirificados principios.

Sin embargo, capitalizando la cuota de autoritarismo que detentaba y con sutileza, fue vendiendo su proyecto recurriendo a una frase aparentemente simplista, que sin embargo ha llegado a ser bastante difundida: “No importa que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones”. Tras esa aparentemente intrascendente idea se encontraba su proyecto que alcanzaría enorme impacto.

Con ello quería impulsar su plan para que aun los más dogmáticos de la corriente marxista-maoísta, aceptaran la posibilidad de realizar una pequeña prueba piloto para ver cómo funcionaba un ensayo de producción capitalista. No importaba si era socialismo o capitalismo, lo importante era que generara riqueza y bienestar para los chinos. Si funcionaba bien podían probarlo en un esquema de mayor dimensión y si no funcionaba, pues se desechaba sin mayores pérdidas o trastornos. Pero lo importante era experimentar y ver si había verdad o falsedad.

Fue así como en 1979 se inició un experimento de inyección capitalista en una marginal aldea de pescadores: Shenzhen. Hoy convertida en una modernísima metrópolis de 10 millones de habitantes, es el cuarto puerto del mundo. Se trata de una lección que prueba la determinante importancia de lograr un adecuado equilibrio entre Estado y mercado. Vale la pena recordar aquí la advertencia emitida por George Soros hablando sobre la crisis sufrida entre 1989 y 1991 por los países del bloque soviético, sentenció: “El exceso de Estado acabó con el Estado; el exceso de mercado puede acabar con el mercado”.
amartinezv@derecho.unam.mx

@AlejoMVendrell
Crucial importancia del equilibrio entre Estado y mercado.