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Dengue y fiebre chikungunya en el sureste mexicano

  • Daniel Ávila Ruíz

El pasado 8 de septiembre presenté a la Cámara de Senadores un exhorto a la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados, para que durante el análisis, discusión y aprobación del presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2016, incremente los recursos destinados al sector salud para el sureste mexicano, en particular para la península de Yucatán, a fin de ampliar las acciones de prevención y combate de la enfermedad del dengue y del virus del chikungunya.

Se trata de dos de los padecimientos que más afectan a la península y a Yucatán, así como a otras entidades de la península.

El dengue es una enfermedad aguda y autolimitativa que se transmite al ser humano por un virus de la familia de los “flavivirus”, del cual existen cuatro variedades diferentes (DEN-1, DEN-2, DEN-3 y DEN-4), capaces de producir inmunidad específica a cada serotipo (tipos de microorganismos infecciosos) en particular.

De acuerdo con el actual Programa de Acción Específico de Dengue, la enfermedad se encuentra presente en nuestro país con variaciones anuales en su incidencia y brotes epidémicos de diferentes magnitudes, principalmente en los estados de la región sur-sureste.

A partir de 2011, Yucatán se ubicó en el primer lugar de casos confirmados de dengue. Durante el presente año la situación no ha mejorado, ya que al término del mes de julio de 2015 los casos confirmados de dengue en la entidad ascendieron a 828; 620 por fiebre del dengue y 208 por fiebre hemorrágica.

Por otra parte, la población de la Península se ha visto afectada por la fiebre chikungunya. De acuerdo con el director del Instituto Nacional de Salud Pública de la Secretaría de Salud Federal, Mauricio Hernández Ávila, hasta agosto de 2015, en todo el país, se reportaron alrededor de tres mil 306 casos.

Al respecto, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Pablo Kuri, reconoció que esos no son todos los casos en el país, pues los contabilizados por el Sistema Nacional de Salud son sólo aquéllos que, por protocolos médicos, se analizan con pruebas de laboratorio. El problema es seguramente más grande.

Los especialistas han advertido que la fiebre chikungunya es una enfermedad nueva, pero que por sus síntomas se confunde fácilmente con dengue, leptospirosis o malaria, entre otras. Por este motivo, las autoridades de salud han recibido la recomendación de organismos internacionales de impartir cursos a los médicos para capacitarlos en el diagnóstico de la enfermedad.

Recomiendan también continuar con los programas de erradicación de criaderos de la fuente transmisora, que generalmente proliferan en lugares donde se acumula el agua; patios, cubetas, botes y azoteas.

Durante los brotes se pueden aplicar insecticidas, sea por vaporización, para matar los moquitos en vuelo, o bien, sobre las superficies de los depósitos o alrededor de éstos, donde se posan los mosquitos; también se pueden utilizar insecticidas para tratar el agua de los depósitos a fin de matar las larvas inmaduras.

No existe ningún antivírico específico para tratar la fiebre chikungunya. El tratamiento consiste principalmente en aliviar los síntomas, entre ellos el dolor articular, con antipiréticos, analgésicos óptimos y líquidos. No hay tampoco ninguna vacuna comercializada contra ese virus.

En Yucatán el virus va en ascenso al sumar 66 casos desde el primero confirmadode acuerdo con los registros de la Dirección General de Epidemiología (DGE) de la Secretaría de Salud Federal (SSa). En Mérida y el oriente de la entidad es donde se han presentado más casos. Pero son padecimientos que afectan a un creciente número de estados y comunidades.

El subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud del Gobierno federal, Pablo Kuri, ha señalado que el Gobierno federal tiene presupuestados, para este año, 719 millones de pesos para hacer frente a la infección: 319 millones para controlar la reproducción del mosquito con fumigaciones, y 400 millones pulsar medidas preventivas y erradicar los criaderos.

Además de las anteriores medidas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha recomendado a los países, no solo crear y mantener capacidades que les permitan detectar y confirmar casos, sino atender a los pacientes y poner en práctica estrategias de comunicación social para reducir la presencia de los mosquitos vectores.

*Senador por Yucatán. Secretario de las comisiones de Juventud y Deporte, de Relaciones Exteriores Asia-Pacífico y del Instituto Belisario Domínguez; integrante de las comisiones de Turismo, Reforma Agraria y Bicamaral del Canal del Congreso.