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Depresión en el niño y maltrato infantil

Dr. Jonata Escobar

El niño pequeño en todos los ámbitos es un caso especial, por lo general, el contar con uno en casa es sinónimo de alegría y unión familiar, cuando se trata del miembro más pequeño de la familia suele ser objeto de mimos, regalías y múltiples muestras de afecto, pero por desgracia no suele ser así, en ocasiones son objeto de maltrato, indiferencia y falta de apego por sus padres o tutores.

Al momento, el autor de la presente columna no puede lograr imaginar cómo se siente un pequeño que sufre de maltrato o abandono, considero que se trata de las situaciones más trágicas que puede haber, pues los niños son personas vulnerables en muchos sentidos y requieren de múltiples cuidados y atenciones, pongamos el ejemplo de su cuerpo físico, se encuentra inmaduro en muchos sentidos dependiendo de la edad, por ello, en época de invierno se suelen emitir consideraciones especiales para evitar que los niños enfermen, lo mismo sucede con su alimentación, pues la desnutrición en los mismos acarrea serias consecuencias para su salud, ya que la desnutrición merma de forma significativa los hitos de desarrollo en los niños, es decir, un niño desnutrido no logrará alcanzar la inteligencia, la fuerza, la estatura y la complexión que debiera en etapas posteriores de la vida.

Luego entonces vemos que son vulnerables en la esfera física, seguro también lo son en el ámbito de las emociones, en el caso de la depresión en los infantes esta no suele manifestarse como en el caso de los adultos en quienes en los cuadros depresivos predominan dos características fundamentales: la tristeza vital continua, es decir que el sentimiento de tristeza les acompaña la mayor parte del día y la anhedonia o incapacidad para experimentar placer, lo que se traduce en falta de ánimo para desempeñar sus actividades cotidianas, como el ir a trabajar, entre otras, en el caso de los niños éstos no podrán expresar de forma clara su estado de ánimo como los adultos, de tal suerte que su tristeza se verá manifestada de otras formas, fundamentalmente como la irritabilidad o múltiples molestias físicas inespecíficas, así como fracaso escolar y problemas para socializar. Así que, en primera instancia, identificar una depresión en un infante para alguien que no se encuentra entrenado al respecto será sumamente complicado, padres y maestros pensarán que se trata de un niño mal educado, desafiante, flojo u oposicionista que responde de forma agresiva, sin embargo, el mismo se encuentra deprimido y ante un adecuado manejo dichos problemas conductuales cederán.

En el caso de que el niño pequeño no reciba afecto o sus padres tengan indiferencia o ningún tipo de apego para con el mismo, comenzarán a manifestar lo que se conoce como problemas de vinculación, existe el caso muy famoso de la denominada “niña psicópata de los noventas”, en el cual se trata de una pequeña que en aquel entonces contaba con cinco años de edad, misma que sufría de maltrato e indiferencia por parte de sus padres, al ser rescatada y acogida por una nueva familia adoptiva ella afirmaba que deseaba asesinar a sus nuevos padre y hacerle daño a su hermano pequeño, en internet se pueden observar las entrevistas que se le hacían en la cual verbalizaba lo anterior con total naturalidad e indiferencia, estos serios problemas de conducta se encontraban asociados al maltrato previo que recibió, pero, tras las intervenciones terapéuticas oportunas, la niña logró superar dichos problemas de vinculación y actualmente se desempeña como enfermera neonatóloga.

Estudiar y tratar de interpretar como los niños pequeños perciben la realidad y su entorno es sumamente complicado, no obstante existen muchas teorías al respecto, bastará con comentar a usted querido lector que actualmente se sabe que la forma en la cual fue alimentado en los primeros meses de vida ha de influir fuertemente en sus características de personalidad durante la adultez, si el pequeño lactante recibió afecto de forma adecuada y el alimento se le administraba de forma oportuna se traduce en patrones de conducta más estables en el futuro. Definitivamente lo anterior no es determinante, pues influye la genética y el ambiente en el que se desarrolla el infante, pero para fines prácticos concluiré la presente columna enunciando la ya conocida frase “infancia es destino”.