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Derecho familiar

  • Derecho Familiar / Julián Güitrón Fuentevilla

“El matrimonio y la sociedad conyugal según el Código Civil de la CdMx y la Jurisprudencia de la Corte”*

El matrimonio en la Ciudad de México queda definido como la unión libre de dos personas; es decir, aquí cabe el matrimonio de homosexuales o lesbianas para realizar la comunidad de vida. Sigue la ley expresando que en esta comunidad deben respetarse mutuamente, mantener la igualdad y ayudarse.

Incluso, al procrear los hijos deben hacerlo de manera libre, responsable e informada, y ordena que el matrimonio se celebre ante el juez del RegistroCivil y con las solemnidades y formalidades que la ley exige. En el pasado se hablaba de los funcionarios ante los que debía celebrarse, lo cual era un absurdo, pero ahora, con el concepto más completo, la familia queda mejor protegida.

Se decía que las condiciones contrarias a perpetuar la especie o ayudarse, se tenían por no puestas. Hoy, con una verdadera técnica jurídica se subraya que los pactos celebrados por los contrayentes serán nulos si van en contra de lo ordenado.
PROHIBIDO EL MATRIMONIO DE MENORES DE 18 AÑOS DE EDAD

En el Código Civil de la Ciudad de México anterior se permitía absurdamente que la mujer se casara a los catorce años y el hombre a los dieciséis. Siguiendo con estas contradicciones, se facultaba al jefe del Departamento de la Ciudad de México, o a los delegados, a dispensar la edad, lo que obviamente choca con la esencia del Derecho Familiar. La nueva norma exige que para casarse hay que ser mayor de edad. Se suprimió una de las normas que discriminaban a la madre y a los hijos, así como la que se refería al consentimiento de los tutores u otras hipótesis absurdas. En primer lugar deben contribuir a los fines del matrimonio y a socorrerse mutuamente. A decidir libre, espontáneamente y sobre todo, con responsabilidad, el número y espaciamiento de sus hijos; y dice la ley, ante cualquier problema emplear los métodos de reproducción asistida para lograr su propia descendencia. Este derecho debe ser ejercido de común acuerdo por ambos cónyuges.
REQUISITOS PARA QUE EXISTA DOMICILIO CONYUGAL

Para que exista el domicilio conyugal, los dos deben tener en él autoridad propia y consideraciones iguales. Si hubiera algún problema, se remite a los tribunales, sabiendo la causa -sobre todo cuando alguno se traslade a país extranjero, excepto que esté en servicio público o se establezca en un lugar que ponga en peligro su salud o integridad- se le puede eximir al cónyuge de vivir en ese domicilio; en caso contrario, no será de esa manera.

En cuanto a las cuestiones económicas, la ley ordena que ambos deben contribuir al sostenimiento del hogar, sus alimentos, sus hijos, su educación y, además, atender a sus posibilidades para cumplir con esto. Se subraya que si alguno no tiene bienes propios o está imposibilitado para trabajar, el otro cónyuge estará obligado a atender esos gastos. Se ratifica la igualdad, independientemente de lo que se aporte. Los derechos y obligaciones serán los mismos para ambos cónyuges.
LA MUJER APORTA CON SU TRABAJO EN EL HOGAR LO MISMO QUE EL HOMBRE CON SU DINERO

El artículo 168 ordena: “Los cónyuges tendrán en el hogar autoridad y consideraciones iguales, por lo tanto, resolverán de común acuerdo todo lo conducente al manejo del hogar, a la formación y educación, así como a la administración de los bienes de los hijos. En caso de desacuerdo, podrán concurrir ante el Juez de lo Familiar”. Si la ley ordena que así sea y que se dé esta igualdad, ¿por qué se sigue discriminando a la mujer argumentando que ella no aporta dinero para la casa, la educación o al mantenimiento de su hogar? Es el momento de reivindicar el derecho de la mujer, de darle el lugar que merece y, sobre todo, que se reconozca el papel tan importante que tiene ahora y desde siempre en la organización y desarrollo de la familia mexicana y en el ámbito mundial. La familia gira en torno a una mujer, desde que nace hasta que logra ser autosuficiente. Los valores, los objetivos de la familia, el respeto, la dignidad, la honestidad y todo lo que uno recibe como educación en la casa, se debe fundamentalmente a una mujer. Entonces, ¿por qué no derogar estas normas y hacer el reconocimiento pleno de lo que es la mujer en la familia y fuera de ella, en México y en el mundo?

Por primera vez el Código Civil para la Ciudad de México ordena que el desempeño del trabajo en el hogar y en el cuidado de los hijos se estimará como contribución económica al sostenimiento del hogar. Evidentemente que con esta norma, en el caso de la mujer, queda reconocido su trabajo, el que más adelante le permitirá aspirar a una posible compensación, si llegara a divorciarse y estuviera casada en el régimen de separación de bienes. El legislador consideró que las cuestiones de derechos preferentes sobre ingresos en los alimentos debe desaparecer y que en realidad los cónyuges tienen la misma autoridad y consideraciones en el hogar conyugal. Se acepta que puedan realizar cualquier actividad que sea lícita y que no perjudique la organización familiar.

Entre las consecuencias que deben colacionarse del divorcio están, entre otras, la obligación de otorgar alimentos; se funda en el supuesto de la necesidad de quien los requiera y el deber de otorgarlos, de quien tiene esa obligación.

Respecto a los bienes, la nueva ley permite al cónyuge que se ha dedicado al hogar en forma preponderante y a la formación de los hijos, si está casado bajo el régimen de separación de bienes, poder demandar hasta el 50% de lo que se hayan adquirido durante ese régimen, como indemnización o el porcentaje que sea suficiente para que el otro cónyuge iguale en la medida en que el dueño de los bienes se va a beneficiar.
EN RELACIÓN CON LOS BIENES (ESTUDIO GENERAL)

Como principios generales, al nacer la sociedad conyugal ambos cónyuges tienen el derecho de administrarla, excepto que pacten lo contrario. En las capitulaciones matrimoniales tienen que establecer cómo se va a realizar la sociedad, y en caso de que no lo hagan, acudir a los principios generales de la sociedad conyugal, no de la sociedad civil, como ocurría en el viejo Código Civil. Si así lo establecen, los bienes que adquieran mientras estén casados formarán parte de la sociedad conyugal. Pactar una cuestión en contrario no tendría sentido, si hablamos de sociedad conyugal. Sin embargo, esto es posible también. Nace la sociedad al celebrarse el matrimonio o estando ya casados; es decir, se pudo haber pactado una separación y que al poco tiempo se determine la sociedad. En este caso podrán incluir los bienes de que sean dueños los otorgantes al formarla. Reiteradamente se hablaba de que las capitulaciones matrimoniales o cláusulas deberían constar en escritura pública, y esto se prestaba a grandes confusiones. Hoy éstas deben otorgarse solo cuando formen parte de la misma bienes inmuebles o muebles que exijan este requisito, para que la transmisión de dominio produzca todos sus efectos jurídicos.

Incluso si se pactara una alteración de las capitulaciones, deberá seguirse el mismo procedimiento. Anotar en el protocolo en que se otorgaron, además inscribir en el Registro Público de la Propiedad esas modificaciones.

De esta manera, al anotarlas en el registro se podrá considerar que lo que se altere producirá efectos contra terceros, si se logró la inscripción. Si hablamos de cuáles son los supuestos en que puede terminar la sociedad conyugal; igual como empezó, que se pactó por la voluntad de ellos, en la misma forma puede terminar, si así lo convienen. A estas causales deberán agregarse otras para dar por terminada la sociedad conyugal durante el matrimonio. Así por ejemplo, podrá pedirlo cualesquiera de ellos, si el administrador por su notoria negligencia, pudiera arruinar o disminuir considerablemente esos bienes.

También si uno de ellos decide, sin consentir el otro, ceder los derechos sobre esos bienes que sean de la sociedad y que así se los transmitieran a algún acreedor de la misma. Si un cónyuge es declarado en quiebra por ser comerciante o es concursado por ser civil, también procedería la petición de terminar la sociedad conyugal. Si hubiera una razón que a juicio del juez familiar lo justifique esta sociedad se dará por concluida. Otros supuestos en que la sociedad se va a terminar surgen cuando se disuelve el matrimonio que puede ser por voluntad de los consortes o por una sentencia que, en un momento dado, declare la presunción de muerte del cónyuge ausente. La ausencia de alguno de ellos traerá como consecuencia que la sociedad se modifique o se suspenda en los términos que el propio código lo ordene. En cambio, si uno de los cónyuges abandona injustificadamente al otro por más de seis meses, esto traerá como consecuencia que cesen para él en su beneficio, desde el día en que haya abandonado al otro cónyuge, los efectos de la sociedad conyugal, y para que vuelvan a darse tendrán que convenirlo ambas partes.
SOCIEDAD CONYUGAL Y SEPARACIÓN DE BIENES

El nuevo código regula los dos regímenes, separación de bienes o sociedad conyugal, y ha dejado prístinamente establecida la diferencia para evitar cualquier problema en este sentido. Independientemente de que haya sociedad conyugal, serán propios de cada uno los bienes que tengan cuando se casen; los que adquieran por prescripción que se consolide después de casarse; los que se hayan recibido por herencia, legado o don de la fortuna, que por supuesto se adquieran después de casarse; los recibidos por cualquier título propio, anterior al matrimonio, los que sean producto de la venta o permuta de los que ya se era dueño y se adquieran ahora durante el matrimonio. Asimismo, los útiles para ejercer una profesión, arte u oficio, serán del cónyuge, excepto que pertenezcan a un establecimiento comercial o de carácter común, y los bienes que hubieran comprado a plazos antes de casarse son privativos parcial o totalmente, a pesar de que se paguen en abonos, si se satisfizo con dinero propio el precio; en este caso, se exceptúan la vivienda, los enseres y los menajes familiares.

El Código Civil con las reformas subraya que el matrimonio debe celebrarse bajo la sociedad conyugal o la separación de bienes. Deben entenderse por capitulaciones matrimoniales las cláusulas o los pactos que los otorgantes celebran para determinar bajo qué régimen patrimonial desean casarse yconvivir.

En la sociedad conyugal viene una nueva reglamentación, el artículo 182 bis ordena lo siguiente: “Cuando habiendo contraído matrimonio bajo el régimen de sociedad conyugal falten las capitulaciones matrimoniales o haya omisión o imprecisión en ellas, se aplicará en lo conducente lo dispuesto por este Capítulo”.

En el pasado esto era un gran conflicto, sobre todo porque se dio una contradicción de tesis del quinto y sexto tribunales colegiados de circuito en materia civil de la Ciudad de México, en los que prevaleció el criterio de que los bienes adquiridos por don de la fortuna, herencia, azar o por cualquier otro título, igualmente los que se adquirieran con dinero que ya se tenía y que fuera durante el matrimonio, pertenecían a la sociedad conyugal. Esto se acabó y debe considerarse como una conquista importante que debe ponerse en la lista de los derechos de la mujer mexicana, en Derecho Familiar.

Otras medidas que el juez puede ordenar consisten en requerirles a ambos cónyuges la exhibición, con la protesta de que dirán la verdad, lo que les acarreará un perjuicio si no lo hacen así, un inventario de sus bienes y derechos en lo personal, así como los que formen parte de la sociedad conyugal. Se deben especificar con qué título de dominio se adquirieron o si es por el hecho de la usucapión que se posee, el valor que ellos consideren que tienen esos bienes, así como el proyecto para repartírselos. De ser necesario, el juez, una vez que reciba la información, podrá comprobarla y precisar, obteniendo otros datos, lo más conveniente y si le están diciendo la verdad. Además, en la nueva ley, lo que no traía el viejo Código Civil le permite al juez dictar otras medidas que, a su juicio, considere necesarias.
CONTENIDO DE LAS NUEVAS CAPITULACIONES MATRIMONIALES DE LA SOCIEDAD CONYUGAL

La ley aclara que en el momento de celebrarse el matrimonio, o mientras dure, se puede pactar la sociedad conyugal y ordena que formarán parte de ella los bienes de los que sean dueños los otorgantes al constituirla, eliminando los bienes futuros.

En primer lugar debe subrayarse en forma detallada qué bienes muebles e inmuebles la constituyen, expresando su valor y los gravámenes, si los tuvieren. Determinar las deudas de cada uno y, además, si la sociedad va a responder por ellas o solamente las que se hayan contraído durante el matrimonio, sea por ambos o por cualesquiera de ellos. Igualmente deben declarar si la sociedad va a incluir todos los bienes de cada consorte o solo parte de los mismos. En este último caso debe precisarse cuáles van a entrar a la sociedad.

Asimismo, si van a incluirse los bienes de los consortes o solo sus productos; determinándose claramente qué parte de los bienes o de sus productos van a ser de cada uno de los cónyuges. Por otro lado declarar, y esto entra en el supuesto de los gananciales, si el producto, o sea lo que se gane con el trabajo de cada uno de ellos, es de quien realiza el trabajo, esto es el salario, sus honorarios, sus percepciones o si debe dar participación al otro consorte y en qué proporción. Si uno o ambos administran la sociedad, declarando las facultades con que deben hacerlo, así como si los bienes adquiridos en el futuro, durante el matrimonio, van a ser de quien los reciba o si se repartirán entre ellos, señalando la proporción. El nuevo Código Civil deja claro que deben expresar que si al celebrar la sociedad van a integrar a ella los bienes adquiridos por herencia, legado, donación o don de la fortuna. Porque esto en el pasado ha provocado graves problemas; además, deben acordar las bases para liquidar la sociedad.
LOS BIENES ADQUIRIDOS POR CUALQUIER TÍTULO TRASLATIVO DE DOMINIO PERTENECEN A CADA UNO DE LOS CÓNYUGES

También se ratifica, y esto ha sido objeto de diferentes tesis y controversias por parte de la Suprema Corte desde 1932 a la fecha, y ahora la Asamblea determina que quienes hayan adquirido bienes antes de casarse, por don de la fortuna, herencia, legado o donación, serán propios de aquel a quien se le han entregado. En otras palabras, si el testador dice: “Le dejo esta casa a mi hija”, aunque esté casada en sociedad conyugal, será solamente propiedad de ella, como se establece en esta disposición que entró en vigor a partir de junio del 2000. Asimismo, quien haya adquirido bienes estando casado bajo este régimen, con el producto de la venta o el intercambio de sus bienes propios, de los que tenía antes, de los que siguen siendo de ella o de él, tendrán ese destino, porque aunque estén casados en sociedad conyugal, habiendo adquirido estos nuevos bienes con el dinero que era propio de ellos tendrá, de acuerdo con esto, que seguir en su patrimonio. Lo mismo ocurre con los objetos de uso personal o los que sean para la profesión, arte u oficio, excepto que éstos formen parte de un negocio ya establecido o que estén explotando de forma común. También dice la ley que seguirán siendo privativos los bienes que se adquieran con fondos comunes, pero deberá, quien se quede con el bien, pagar la parte proporcional que al otro le correspondería. Hablando de bienes que se compran a plazos por uno de ellos antes de casarse, seguirán siendo privativos si la totalidad o parte del precio que se está pagando a plazos se satisface con dinero del propio cónyuge, exceptuando la vivienda, los enseres y los menajes familiares. Salvo pacto en contrario, la ley ordena que ambos dirijan el destino de sus bienes; en el pasado tenía que asignarse un administrador. Por supuesto, si pactan lo contrario, se estará a esa manifestación de voluntad. Decíamos anteriormente que ya no rige de manera supletoria la sociedad civil, sino las disposiciones generales de la sociedad conyugal, y la regla es que los bienes adquiridos durante el matrimonio formarán parte de la sociedad conyugal, excepto convenio en contrario.