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Descalificar al réferi

  • Raúl Carrancá y Rivas

Algunos partidos políticos, en concreto el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), junto con distintos actores políticos de primera línea, han descalificado al Instituto Nacional Electoral (INE) para el 2018. Aparte de que sus argumentos sean válidos o no, el sólo hecho de desconfiar de la honestidad e imparcialidad del máximo órgano electoral que hay en México es algo muy grave. Es en rigor ir acondicionado negativamente al proceso electoral, lo que obliga a preguntarse para qué se va. Al respecto, y lo digo desde el punto de vista de un análisis objetivo, si se acepta participar así es porque se tiene un propósito, porque se persigue un fin. Y en el caso, me parece, no hay más que dos posibilidades, a saber, o buscar un conflicto postelectoral, lo que es muy riesgoso en las circunstancias actuales por las que atraviesa el país, o recurrir a la que peyorativamente se ha llamado judicialización.

Y aunque reconozco que judicializar es llevar por la vía judicial un asunto que podría conducirse por otra vía, generalmente política, aquélla descalificación anula en consecuencia y de golpe esta última vía. Desconfiar del árbitro es desconfiar de entrada del juego político -y también de salida- ya que el árbitro es una persona, o institución, que como autoridad reconocida y designada por las partes resuelve conflictos o concilia intereses. Insisto, ¿para qué jugar así?

Ahora bien, suponiendo que no se tenga el propósito de crear un conflicto postelectoral es evidente que la más insignificante chispa (descalificación, desconfianza, duda) puede propiciar el fuego. La pregunta es a quién beneficiaría. A río revuelto ya se sabe… y pescadores hay muchos. Sería un retroceso. Por lo tanto, no creo que nadie con verdadera conciencia política busque eso. En tal virtud y ante las descalificaciones y desconfianzas no queda sino el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, y los correspondientes de los estados, guste o no. Se ha criticado la judicialización electoral viendo en ella un medio ajeno a la política y a la democracia, lo que implica en última instancia separar la política del
derecho.

Yo no coincido con ese criterio, pues me parece que las situaciones políticas pueden llegar a tales y delicados extremos que solo quede analizarlas y resolverlas a la autoridad judicial. Será lo deseable o no, pero eso sucede y no únicamente en México. Lo cierto es que la política no puede, no debe, ser ajena al derecho. La realidad es que la justicia está presente en toda actividad social. La democracia es un concepto político, aunque sobre todo jurídico. ¿Y qué otra cosa es la democracia denominada constitucional, controlada y guiada por la Constitución? Democracia sin justicia degenera fatalmente en autoritarismo o dictadura.

Obviamente los conflictos políticos se deben resolver en el terreno de la política. No obstante y cuando se llega a los extremos señalados el único camino es la llamada judicialización. Yo pienso que es preferible librar la batalla política en los tribunales más que en el campo de batalla. No niego que la historia ha registrado lo último, pero en casos radicales donde termina un régimen jurídico-político y comienza otro. Es la revolución, incluido el cambio de instituciones, que estudiara de manera tan brillante Herbert Marcuse. En suma, no hay que cerrarle la puerta a la judicialización del conflicto electoral pues lo contrario es el enfrentamiento físico y el desorden social; y tienen que reconocerlo quienes descalifican al órgano rector del proceso electoral. La política es un barco en el que navegamos todos y un naufragio en el 2018 nos afectaría gravemente a todos.

@RaulCarranca

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