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Desde la banca

  • Alejandro Morales

Esta semana les presentaré la biografía de un gran exjugador, Alberto Pérez Carbonell, RB No.28 ITESM Monterrey. Alberto inició su camino en el FBA, en el Club Toritos de Texcoco, donde jugó a partir de la categorías Castores (Baby) a la edad de seis años, en este club fue donde aprendió las bases y donde desarrollo como niño las habilidades atléticas requeridas para jugar este deporte, obtuvo varios campeonatos y títulos como “Mejor corredor de la categoría”.

En la preparatoria jugó para los Borregos Salvajes, del Campus Estado de México. Aquí fue donde obtuvo un gran desarrollo físico y también alcanzó la madurez que requería para jugar en Liga Mayor:

Aquí jugó cinco temporadas, entre juveniles e intermedias, donde de igual manera logró varios campeonatos y a nivel individual logró el título al mejor corredor y mayor anotador en varias temporadas. En el ITESM Campus Monterrey fue donde alcanzó su máximo como jugador de futbol americano; en México, debido a sus meritos como jugador de intermedia, logró una beca para estudiar en el Tec de Monterrey, y jugaría para un equipo que iba en un claro ascenso en una liga dominada por los equipos del centro del país.

Su primer año como novato fue difícil, tuvo poca acción, pero a partir de su segundo año le dieron las riendas del backfield. Fue una temporada clave para Alberto, en ese año logró consolidarse como corredor de liga mayor y definitivamente contribuyó para que su equipo lograra por primera vez el campeonato.

Con un talento enorme y el trabajo en los detalles por parte de su coach, “Mongol” Hernández, Beto corrió para 810 yardas y obtuvo la segunda mejor marca, pero a partir de su tercer año rompió la marca de las mil yardas, hazaña que volvió a lograr en su cuarto año. Para su quinto año, debido a la rotación de backfield, obtuvo 900 yardas que fueron suficientes para lograr su tercer título consecutivo como mejor corredor de la liga.

Beto comparte tres cosas de las que se siente orgulloso… “La primera es haber roto la barrera de las mil yardas dos años consecutivos y haber promediado mas de mil yardas por partido durante sus cuatro años como corredor de primer equipo, la segunda es que nunca faltó a ningún partido, ya fuera por lesión o por cualquier otra razón. A partir de su segundo año abrió cada uno de los partidos, incluidos playoffs, hasta el final de su elegibilidad de todos los jugadores de la liga, Alberto obtuvo el mayor número de acarreos y toques de balón, por lo que fue severamente golpeado, tackleado y castigado durante cuatro años seguidos y siempre se levantó para participar en la siguiente jugada. Y la tercera y última, el haber sido integrante muy activo de un equipo que se volvió dinastía. En una liga en ese entonces muy competida y dominada por dos de las universidades más grandes del país que son la UNAM y el IPN. Otro de sus mayores logros es haber obtenido el bicampeonato nacional en 1993 y 1994. Por su puesto agradece a sus padres por todo el apoyo que le brindaron durante 17 años de carrera y sobretodo agradece a Dios por permitirle conocer y disfrutar del deporte más hermoso jamás creado.

Cabe señalar, que en días pasados estuvimos en la casa de sus padres (Silverio y Martha) y ante la inmortal efigie del “Faraón” Silverio Pérez, quienes nos entregaron los jerseys de: Alberto, Luis y Silverio, mismos que engalanarán los muros del “Museo Salón de la Fama del FBA” de México en sus sedes de Toluca (Búfalos) y el Museo del Deporte Nacional, que pronto abrirá sus puertas.
Por lo pronto… Hasta la vista.