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Desde la banca

  • Alejandro Morales

Estimados amigos esta semana les voy a presentar la ficha biográfica de uno de los grandes jugadores que nos ha dado la UNAM.

Alberto Córdoba “Chivo” HB No.45 Pumas de la UNAM.

Astucia en sus intervenciones y categoría en su presencia, eran entre otras las facultades a raudales que hicieron de Alberto “Chivo” Córdoba un jugador de leyenda, capaz de efectuar en cualquier momento una carrera de 100 yardas o de nulificar, desde su posición de safety el juego aéreo de sus adversarios.

Brincaba con suma facilidad y por ello se ganó el mote que lo hizo famoso. Su fortaleza y enormes aptitudes en el emparrillado imponían respeto.

A los 16 años ya jugaba en la liga mayor. Fue miembro de los equipos Ferrocarriles, Universidad Obrera y Pumas de la UNAM, cuando, por supuesto, no existía la elegibilidad.

Una de las más significativas hazañas de este inmortal del futbol americano de nuestro país, la escribió el 20 de Diciembre de 1947 cuando anotó el touchdown que le dio el triunfo al escuadrón nacional frente a Randolph Field.

Tras poner fin a su brillante carrera de jugador, “El Chivo” Córdoba fue entrenador de los equipos Leyes y Comercio de la UNAM. Del primero también lo fue en Liga mayor, a finales de los años cincuenta y comienzo de los sesenta.

Posteriormente, fue el alma del futbol americano de Toluca, Estado de México, específicamente de los Potros Salvajes de la Universidad Autónoma del Estado de México.

Alberto “Chivo” Córdoba, murió en 1977, pero su imagen de ídolo y símbolo universitario se mantienen perpetuas, y en el Estado de México los Potros Salvajes de la UAEM, que él con tanto esfuerzo hizo, siguen su legado haciendo lo adecuado cada temporada. Recordemos que la popularidad de Córdoba fue tal que a manera de merecido homenaje un estadio en Toluca lleva su nombre y por supuesto que el inmortal “Chivo” Córdoba es parte del Museo Salón de la Fama del FBA de México.

Por lo pronto… Hasta la vista.