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Desde la banca

  • Alejandro Morales

Uno de los objetivos primordiales de esta columna, de un servidor y del Salón de la Fama del FBA de México es dar a conocer a la niñez y juventud, nuestros jugadores del fútbol americano, estrellas del emparrillado que hicieron vibrar la tribuna con sus actuaciones.

Estimados lectores esta semana toca turno a otro exjugador del bien nombrado grupo “Los Inmortales del fútbol americano de México”, parte de los 19 nombres de brillantes exjugadores destacados que fueron inmortalizados en una placa que está en Hall of Fame de la NFL en Canton Ohio.

Mario Revuelta Medina “Araña”, No.33 Ala, UNAM 1955-1959.

Uno de los más grandes receptores de todos los tiempos, surgido de las filas azul y oro, pasa lista de presente en el recinto consagrado a quienes en su tiempo se convirtieron en descollantes ases del emparrillado. Nos referimos a Mario “Araña” Revuelta.

Revuelta fue una de las máximas luminarias en liga mayor entre 1955 y 59, lapso en el que consiguió 30 anotaciones; además durante cuatro años se consagro como el mejor en su posición, lo que confirma una vez más sus finas hechuras de futbolista.

Entre las múltiples proezas de este peculiar engarzador que portaba el número 33 en su vestimenta, mencionaremos aquellas oportunas intercepciones frente a los Burros Blancos, en zona de gol, en 1954, evitando con aquello que la escuadra albiguinda incrementará su cosecha de anotaciones.

Otra vistosa actuación, entre muchas, de Mario Revuelta fue la que tuvo contra Howard College en 1955, cuando interceptó otro pase en la yarda cinco de los Pumas para recorrer enseguida las 95 yardas restantes que lo separaban de las diagonales enemigas.

Líder anotador en 1956, la “Araña” Revuelta logró un touchdown de antología en el segundo clásico del mismo año luego de atrapar un envío de Gustavo “Pato” Patiño.

Revuelta fue entrenador en jefe de los Leopardos de Arquitectura, equipo que bajo su mando figuró en los primeros lugares de liga intermedia; asistente del “Tapatío” Méndez, también fue titular de la Dirección de Actividades Deportivas de la UNAM (durante la gestión del Rector Octavio Rivero Serrano) y de la Secretaría de Comunicaciones y trasportes.

Hace algunos años Mario dejó este mundo terrenal para consagrarse en la inmortalidad, dejando profunda huella como gran ser humano, ya que junto a su esposa creó una hermosa familia. Padre ejemplar, esposo, y amigo.

Sin duda Mario fue no solo fue excelente jugador, y destacado profesionista, también dejó un grato recuerdo entre amigos y familia del futbol americano nacional, además como ejemplo perenne de lo que es ser un buen funcionario público en nuestro país, hoy lo recordamos y rendimos este merecido homenaje…. Por lo pronto hasta la vista…