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Desde los Tendidos de la Plaza México

  • Desde los Tendidos de la Plaza México / Guadalupe Vergara

  • Guadalupe Vergara
  • Los pronósticos fallaron y el gozo se fue al pozo

Los tres toreros, Miguel Ángel Perera, Juan Pablo Sánchez y Diego Silveti, quienes iniciaron la segunda etapa de la Temporada Grande en esta plaza, estuvieron muy por encima de sus respectivos lotes, peor el del primer espada, figura con clase y hechuras, valor sereno. La ganadería de Montecristo envió un encierro muy bien presentado con edad y cornamentas, pero débiles y de poca bravura. Hubo muy buen ambiente desde la hora del sorteo, clima templado, cielo azul y nada de viento, había confianza para ver faenas bien rematadas, lo que no sucedió. Abrió plaza vestido de grana y oro, el matador español, un torero que ejecuta el toreo de fondo e inmediatamente conectó con los tendidos al abrirse de capa y con una suavidad exquisita llevar al de Montecristo, por increíbles cordobesinas, como al conducirlo al caballo y un quitazo por fregolinas templadisímo. Fue todo, pues “Español” rodaba por la arena por sus débiles manitas. Miguel Ángel Perera escucho palmas. Con “Azucarero” nada hubo que sacar, Perera cumplió y dejó claro sitio y entrega. Juan Pablo Sánchez realizó con “Venadito” una faena que conectó con el respetable, pero no cerró de estocada y saludó en el tercio. El quinto de la tarde “Reflexión”, Juan Pablo que vestía de malva y oro, se pegó fuerte arrimón con un manso con peligro, que lo arropó sin consecuencias; ya a punto de cortar oreja se puso pesado con estoque y descabellos escuchando aviso. Por su parte, el torero también como el hidrocálido, de dinastía, Diego Silveti tuvo como primero a “Malagueño”, que no trasmitía ninguna emoción el de Guanajuato; cumplió usando la cabeza y remato de pinchazo y estocada. El que cerró plaza “Nueva Etapa” tampoco era perita en dulce, Diego muy elegante, inició con espectacular cambio por la espalda, más quieto que un poste, después vimos un par de tandas pero el de Montecristo se volvió de plomo y Diego Silveti, que ataviado de turquesa y oro venía por todas, no tuvo tela. Escuchó palmas después de un aviso. Lo dicho los toreros estuvieron muy por encima de los toros de sus lotes y no como se esperaba que todos salieran, toreando de la plaza más grande del mundo…

Reconocida y anfitriona, pero sobre todo amiga que invitó a varias de las integrantes de su peña MIA, al tradicional y estupendo desayuno de fecha simbólica, en la que se luce condimentando frutas, guisos y la rosca en la terraza, como pasillos y salones de la casa, luciendo flores y plantas que ella misma supervisa. Este alegre grupo formado por colegas de distintos diarios, revistas, medios radiofónicos hace varias décadas ahora la mayoría con sus propias empresas, como nuestra anfitriona que cambio plumas y libretas por cucharones y cacerolas, que la ha consagrado entre las mejores y cuenta con clientela muy extensa, lo mismo postres como platillos complicados y de muy variadas nacionalidades, como aseguraron Fedra Villagrán, Rosalía Rangel, Paty Campos, Rosi de San Nicolás, que ya prepara otro agasajo Carolina Briones, Maria Romero Lulú de la Portilla y Martita Guerra, ella siempre al pie del cañón en lo de Relaciones Públicas, arte radiofónica y consumada taurina.

EL CAPÍTULO CDMX TAUROMAQUIA MEXICANA

Ante las agrupaciones taurinas del país, se constituyó y firmó. Presidida por Adolfo Martínez Urquidi, con la presencia de Pepe Saborit de Tauromaquia Mexicana; Manuel Sescosse de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia; Francisco Doddoli, representante Ejecutivo de la Asociación Nacional de Matadores; Alfredo Sahagún de empresarios Taurinos; Diego Martínez de la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros; Joaquín Ordoñana, representante de las Peñas de CDMX; y Sergio León, representante de las Porras CDMX. ¡Gran plataforma para y por la fiesta más bella!

LA FIESTA DEL PUEBLO ¡LOS TOROS!

En un preciso instante, la voz de varios miles de personas extraídas de lo más diverso de la ya de por sí diversa sociedad, se hace una sola voz. En idéntico momento, todos a la par. No hay director de orquesta, ni tampoco consignas previas. Cada individuo por si solo, deja salir por la boca la palabra que le sale desde el estómago: ¡Ole! Y miles de olés de muy diferentes acentos, miles de escalofríos reflejados al mismo estímulo, se funden en un solo ole, que retumba perfectamente armónico, compacto, rotundo. Y resulta que esto ha ocurrido en el segundo justo que el torero a cargado la suerte, en el momento conciso en que el tiempo se ha dolido por algo que, dentro de él, se ha roto. Gran parte de los espectadores no tiene ni la más remota idea de lo que es cargar la suerte. Como tampoco poseen conocimientos de astronomía, aunque captan el esplendor de las estrellas. Muchos ignoran los entresijos de una buena barbacoa, pero se chupan los dedos con su exquisito sabor. No hay que saber de arquitectura para pasmarse ante el Partenón de Atenas, ni de solfeo para estremecerse con Mozart. La belleza tiene ese don: es capaz de meterse dentro, por cualquiera de los sentidos, por que poner a todos de acuerdo lo mismo al sabio que al neófito. Lastima que alguien se la pueda perder, y ese suele ser, que casualidad, el “enterado”, el que atónito y por encima del hombro mira a esos cuantos miles de personas entusiastas, absolutamente seguros de que él es el único listo ente los tendidos abarrotados de tontos. Continuaremos con esta charla…

Nos veremos más tarde
que el cielo los juzgue…