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Desde tierras mundialistas

  • Alberto Lati

A la FIFA le encanta meterse en embrollos. Como si tuviera muy pocas polémicas que resolver en Zúrich o en el atribulado futbol mundial, se le ocurrió impedir que las selecciones británicas porten en un brazalete el llamado Poppy, símbolo que suele usarse en el Reino Unido a cada noviembre para honrar a sus caídos en batalla y recaudar fondos para los veteranos.

Sucede que este año se encontrarán Inglaterra y Escocia en duelo eliminatorio rumbo a Rusia 2018, precisamente el 11 de noviembre: el día del armisticio de la Primera Guerra Mundial, justo cuando comenzó a utilizarse esa flor artificial como homenaje póstumo a los soldados perecidos (en realidad, el inicio formal fue 1921: cuando se percibió la magnitud de los afectados por esa brutal confrontación terminada en 1918).

Y sucede que desde que la FIFA se enteró, exclamó que no, que están prohibidos todos los mensajes políticos, comerciales o religiosos, como si éste lo fuera, cuando lo mismo lo ocupan personas de la más diversa ideología política en la Gran Bretaña.

Importante mencionar que durante estos días, prácticamente todo ciudadano inglés sale a la calle con ese Poppycolgado del saco o abrigo. En el metro, en las tiendas, en los hospitales, en los entrenadores sentados en la banca, todos lo suelen portar. A la fecha, la gente compra dichos prendedores y la rutina local se adapta a eso: en el teatro al concluir la función los actores piden al público que done alguna cantidad, famosos en la televisión intentan sensibilizar a la audiencia, etcétera.

Por ello parecía automático el derecho a aprovechar que se enfrentan dos representativos de esas islas, para que sus jugadores también lo hicieran y mostraran respeto por sus fallecidos en guerra, pero no contaban con la audacia de Gianni Infantino.

Muy pronto, la Primer Ministro Theresa May, contraatacó: “Debo decir a la FIFA que antes de comenzar a decirnos qué hacer, deberían ocuparse en ordenar su propia casa”. Y es que esta medida luce en realidad como un nuevo episodio en la larga ruptura que el futbol británico tiene con el organismo rector del futbol.

Ya en 2011 fue tema de debate, cuando Inglaterra y España tenían por estas fechas un amistoso. Recuerdo encabezados periodísticos tales como “Debemos dejar la FIFA”, “Nosotros inventamos el futbol y ellos se  lo robaron”, “Blatter ofende nuestra historia”. Al final, la FIFA concedió, como seguramente volverá a hacerlo.

Al tiempo, la verdadera politización y manipulación a favor de regímenes, le gana a este deporte. Ahí sí, ni quien se ocupe.

Twitter/albertolati