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Desde tierras mundialistas

  • Alberto Lati

Pocas relaciones entre la FIFA y un anfitrión habían proyectado tanta armonía como sucede en el caso de Rusia 2018; al menos, hacia fuera todo había sido confianza y tranquilidad, a diferencia de los dos precedentes inmediatos que fueron Sudáfrica 2010 y Brasil 2014. El próximo torneo, en Qatar 2022, no ha tenido menos problemas o menores crisis que los dos anteriores.

Por ello salta a la vista el pulso desatado entre el organismo de Zúrich y las televisoras rusas, luego de que se pidieran a estas últimas 120 millones de dólares por los derechos de transmisión del Mundial, contrastado con los 32 millones pagados para la edición anterior.

De hecho, ni siquiera la Copa Confederaciones ya tan cercana, tiene aún definida la televisora que vaya a emitirla. A esos precios, nadie se anima.

Sería curioso que tras un desembolso de miles de millones de dólares, muchos de ellos provenientes de sus impuestos y recursos nacionales, los rusos no pudieran ver un Mundial disputado en su propio territorio. Tan curioso como inviable: toda partida de vencidas, todo juego consistente en jalar la cuerda, suele terminar cuando uno de los participantes suelta y el otro acapara.

No es casual que tal anuncio haya estado tan próximo en días al de las cifras negativas en la FIFA, aunque evidentemente las televisoras rusas no tienen la culpa de esas pérdidas; además, el cuaderno de obligaciones de su gobierno no incluye el subsidiar la transmisión de los partidos, ni presionar a sus televisoras, ni regalarles fondos para comprar los derechos al precio exigido.

La autoridad rusa más vinculada al deporte y cabeza del Comité Organizador, Vitaly Mutko, explicaba que al tema del aumento debe añadirse el de la devaluación del rublo, como muchas otras monedas en los últimos dos años. Hoy cuesta el doble cada dólar en Rusia, con lo que el aumento no sólo sería del 300 por ciento, sino que para fines de los negocios locales hasta del 600 por ciento.

Lo de Mutko es demasiado relevante, por ser una autoridad política tan próxima a Vladimir Putin y tan relevante en el Kremlin. “Si revisas sus finanzas, verás que luego de los escándalos, hay problemas”, lanzaba tan poderoso personaje.

Recientemente, se prohibió a Mutko que se reeligiera en su cargo en el consejo de FIFA, por tener un puesto demasiado alto en el gobierno ruso. Ahora Mutko encabeza la defensa de las televisoras rusas, lo que significa que Putin también lo hace…, aunque en realidad su defensa es de los recursos rusos, porque el deseo de la FIFA en esta partida de vencidas es que desde ahí broten los dólares faltantes hasta llegar a ese número mágico de 120 millones.

¿Pronóstico? Rusia ganará.

Twitter/albertolati