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Desde tierras mundialistas

  • Alberto Lati

RARO sería que la FIFA estuviera sorprendida por tan baja venta de boletos a un par de meses de la inauguración: la Copa Confederaciones no suele ser taquillera. Menos todavía cuando a Rusia 2017 no acudirá una potencia tradicional sudamericana (Brasil o Argentina) y sólo irá un gigante europeo como lo es el campeón del mundo Alemania.

Digo lo anterior, sin menoscabo del monarca sudamericano, Chile, ni del europeo, Portugal, coronados los dos con innegable mérito en sus respectivos certámenes continentales. Me refiero a que, aún con las poderosísimas estrellas como Alexis Sánchez o, sobre todo, Cristiano Ronaldo, no suponen el mismo tirón que los trabucos de siempre.

Basta una rápida revisión de los gigantes que acudieron a las últimas ediciones del torneo para constatar la diferencia en estricta relevancia mundialista: en Alemania 2005, los locales más Brasil y Argentina (diez títulos mundiales); en Sudáfrica 2009, España, Brasil e Italia (9 copas FIFA entre ellos); en Brasil 2013, Italia, España, Brasil y Uruguay (12 estrellas en los uniformes).

A lo anterior debe de añadirse la escasa ilusión que genera el actual equipo ruso, de momento en la peor clasificación de su historia (sitio 61 del planeta), para cuyos partidos continúan existiendo localidades disponibles.

No ha sido vendida ni la tercera parte del boletaje y se teme que muchos de los cotejos sean disputados ante estadios a medias.

No obstante, similar fue la respuesta de los aficionados en las últimas tres ediciones del torneo (maquillado el promedio de la última, por los llenos de Brasil en los colosos de Maracaná y Brasilia); si no se trata del anfitrión o de una selección de inmensa historia, la asistencia torna complicada.

Por mera capacidad de los inmuebles dispuestos para esta especie de simulacro del Mundial, los registros ya están de origen destinados a ser los menores en la historia formal del certamen (es decir, desde que dejó Arabia Saudita, donde nació como Copa Rey Fahd). Basta una comparación: en Brasil 2013, el promedio de capacidad de los escenarios era de 62,000; esta vez, apenas supera los 51,000…, y ni pese al reducido tamaño existe de momento un partido vendido del todo.

Tres conclusiones de cara a una Confederaciones que si se llena, será vaciando escuelas para decorar tribunas: la primera, que la FIFA no puede estar sorprendida; la segunda, que aquí suele nacer el idilio con el equipo local (ojalá no a costa de su rival en primera ronda, México); la tercera, que esto no es indicativo alguno de lo que acontecerá en un año en la Copa del Mundo.

Twitter: @albertolati