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Desde tierras mundialistas

  • Alberto Lati

Vemos las primeras fotos de la FIFA. Vemos las fotos de quienes fundaron el organismo en la parisina Rue Saint Honoré: Barbas decimonónicas, sombreros de copa, poses de otra era. Vemos las fotos más antiguas de los directivos que asumieron una gestión internacional –y ya no meramente local– del balón.

Directivos que por siempre pretendieron distanciar su labor de la de quienes hacían política; por dedicarse sin mayor motor que el amor al juego, por su procedencia aristocrática que debía ratificarse en su impecable comportamiento, por sus pocos complejos intereses como punto de partida (ni dinero ni fama, en los casos más nobles se pretendía forjar una juventud más sana, en los más nacionalistas, un ejército con muchachos más poderosos muscularmente).

Vemos esas imágenes y las comparamos con las actuales, en las que cuesta hallar dirigentes deportivos sin manchas, sospechas, denuncias, infames pruebas, guiados la mayoría ya por los millones de dólares, ya por hilos geopolíticos, ya por la miel del poder.

El último en caer ha personificado uno de los mayores pecados del deporte mundial, tanto en el Comité Olímpico Internacional como en la FIFA. El jeque kuwaití Fahad Fahad Jaber al-Sabah fue acusado meses atrás de “crear confusión al presentarse públicamente como titular de la autodenominada mesa directiva interina del Comité Olímpico de Kuwait”. Algo por demás absurdo si se considera que este personaje no sólo es familiar cercano del Emir de este país y que ha ocupado posiciones muy altas en la estructura gubernamental kuwaití, sino que desde 2012 encabezaba la Asociación de Comités Olímpicos Nacionales: esa ACNO que manejara Don Mario Vázquez Raña y de la que decidiera salir en 2012, precisamente por las intrigas, ataques, traiciones de Fahad Jaber.

Es decir, que nadie puede estar sorprendido de sus vínculos políticos; primero, porque ha estado sentado en algunos de los puestos más importantes del deporte, como ACNO o la representación asiática ante FIFA; segundo, porque siempre se ha conducido de la misma forma, aunque siendo apoyo activo para la elección de los dos hombres más importantes del deporte en la actualidad: Thomas Bach en el COI y Gianni Infantino en la FIFA.

Infantino le agradeció públicamente que renunciara a sus cargos, mientras avanza la investigación. Sí, agradeciendo a uno de los dirigentes más siniestros, cabeza además de un Comité Olímpico suspendido varias veces en los últimos años por injerencia política. Sigue el efecto dominó en el futbol. Como dije aquí cuando se retiró la placa de la fachada de la FIFA, en la que aparecían nombres de varios procesados o perseguidos: será necesario mucho más que quitar una placa de la pared.

Para que alguien como este jeque caiga, no hace falta ni que él decida renunciar ni que haya pruebas de sobornos en su contra; bastaría con sentido común y afán de limpiar esos dos organismos.

Twitter/albertolati