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Desde tierras mundialistas

  • Alberto Lati

UNA ruptura que bien pudo suceder por infinidad de conflictos de interés y pugnas políticas, por posturas y acciones opuestas, por una ya caducada (pero impregnada en el aire) batalla ideológica. Ruptura que, sin embargo, se agudizó cuando Rusia se impuso a Inglaterra en la votación por la sede del Mundial 2018.

Desde entonces, finales del año 2010, ha sucedido demasiado a escala geopolítica y económica (la entrada de Rusia al norte de Georgia, a Crimea, al oriente de Ucrania, su intervención en el conflicto sirio). Como sea, desde ese instante la prensa inglesa ha atacado en bloque a todo lo que sea relativo a la Copa del Mundo 2018.

Por si faltara pólvora a ese coctel, en la Eurocopa 2016 se desataron severos choques entre aficionados rusos e ingleses previo al partido entre sus respectivas selecciones. No es que alguien se atreva a olvidar la ancestral violencia de los hooligans británicos, pero la realidad es que los fanáticos rusos viajaron a ese torneo con ganas de mostrar su capacidad para armar trifulcas y convertir todo en desastre, con la impresión de que han copiado el burdo comportamiento inglés de los fatídicos años ochenta.

Desde entonces, numerosos documentales de la televisión inglesa han mostrado la agresividad con que se conducen los ultras rusos, su racismo, sus apoyos políticos. A tal grado que en alguno afirmaron que el Mundial 2018 será “un festival de la violencia” y que han repetido lo poco conveniente que será acudir al torneo.

Así como en este espacio compartí mi indignación porque la FIFA cerrara el grupo encargado de erradicar el racismo de los estadios rusos (que “cumplió su misión”, osaron decir), aquí también reiteré que unas cuantas entrevistas con cabecillas de grupos violentos en Moscú no bastan para afirmar que Rusia 2018 será una batalla campal a gran escala, que confío en la capacidad de las autoridades rusas de evitar mayores desmanes en ese torneo.

Como sea, económicamente esto representa un dolor de muelas para la organización del Mundial; ninguna afición derrama más dinero en estos certámenes, que la inglesa. Por el valor cambiario de su moneda que propicia que gastar en el extranjero les resulte barato, por la cantidad en que viajan, por sus hábitos de consumo, tener a decenas de miles de ingleses dispersos por el país sede, es garantía de altos ingresos.

El Instituto Tecnológico de Moscú ha presentado un robot que, según explican, ayudará en labores de seguridad y evitará conflictos.

En el pequeño clip que se ha publicado, el androide aparece ataviado con una bufanda mitad inglesa y mitad rusa, además de cargado con cámaras y otras tecnologías; su mensaje va directo a las islas británicas: “he leído que muchos aficionados ingleses dudan respecto a si un viaje a Rusia es seguro. No tienen de qué preocuparse, yo seré su defensa (…) puedo llamar a la policía, resolver discusiones y hasta anticipar conflictos con base en las emociones a mi alrededor”.

¿Afán de corregir las relaciones entre los dos países? No. Afán de convencer a los ingleses de que estarán salvos si acuden al Mundial, apoyados por esa especie de diplomacia tecnológica.

Twitter: @albertolati