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Desde tierras mundialistas

  • Alberto Lati

Que en Rusia se refieran al crudo invierno como razón por la que canchas como la de San Petersburgo presentan severos problemas, parece tan absurdo como cuando en Río de Janeiro se quejaron de las fuertes lluvias que dañaron el techo de Maracaná o como si en un desierto se hablara con estupefacción de que hubo aridez: sucede sin excepción, sucede siempre, sucede cada año, sucede y la sede tendría que estar prevenida.

La realidad es que el estadio llamado a ser la joya del próximo Mundial, ese futurista inmueble emplazado en un islote del Báltico y entre los hermosos canales de San Petersburgo, ese escenario que según algunas fuentes es el más caro de la historia (acaso 1,500 millones de dólares) y que inicialmente debía estar listo a fines de la década pasada, tiene hoy un césped en terrible estado.

Las críticas esta vez no llegan exclusivamente desde fuera, como era habitual con Brasil 2014, sino también de personajes muy cercanos al futbol de la ciudad en cuestión. Mircea Lucescu, quien dirige al club Zenit de San Petersburgo, protestaba hace unos días por el deterioro de ese terreno de juego y optaba por llevarse los partidos de su oncena al viejo estadio Petrovski. Al mismo tiempo, hay una pugna abierta entre la empresa que debía garantizar la calidad del césped y la autoridad que lo contrató, tensión a la que se añade el equipo más rico de Rusia, el Zenit, propiedad de la omnipotente Gazprom.

Ese estadio tuvo problemas por ciertas vibraciones que daban inestabilidad a la cancha, aunque apenas unas semanas atrás se anunció con orgullo que ese mal estaba superado en perfecto tiempo para la Confederaciones.

Ahora crece una nueva preocupación, porque bajo contextos normales es muy difícil que en menos de un mes (el torneo se inaugurará ahí el 17 de junio) se logre solucionar tan compleja circunstancia.

Al final, la Confederaciones es el mayor simulacro del Mundial y su mensaje es claro: algo distinto tiene que hacerse para proveer de pasto de calidad a los estadios de Rusia 2018, porque evidentemente ha fracasado la fórmula utilizada para la Confederaciones. Lo único que no será opcional es culpar al invierno ruso; porque lo único seguro de aquí a la Copa del Mundo, es que volverán a experimentarse largos meses de nieve y temperaturas muy bajas a las que deba de sobrevivir y de las que deba de resurgir con puntualidad cada cancha.

Twitter/albertolati