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Desde tierras mundialistas

  • Alberto Lati

DENTRO de la polarización y confrontación que desencadena la selección mexicana, pocos puntos más espinosos como quién ocupa su portería.

Así se ha desarrollado la carrera tricolor de Francisco Guillermo Ochoa. Por su pasado americanista, por la cercanía que siempre se le ha establecido en relación con Televisa, por ser visto como un gran objeto de marketing, por no serle perdonadas algunas equivocaciones ya lejanas, simplemente por no ser el mejor en algunas facetas como el juego aéreo…, como sea, Memo siempre se ha parado entre esos postes bajo una tormenta de extremos, siendo el mejor o el peor a cada balón que le llega.

El tema es viejo y ha sido padecido por los diversos seleccionadores. Por ejemplo, en 2010, tras posponer al límite máximo su decisión, Miguel Herrera lo eligió como titular. Su actuación mundialista en Brasil debió servir para cerrar con el debate: no importa lo bien que por entonces estuviera Jesús Corona, Ochoa ofreció un desempeño sobresaliente, elogiado internacionalmente, padecido por los brasileños en aquella jornada de Fortaleza.

Un par de años después, la polémica volvió con la renuencia de Juan Carlos Osorio a fijar un portero inicialista. En el reino de las rotaciones del seleccionador, el arco estuvo incluido hasta que llegamos a esta Copa Confederaciones, donde Memo disputó 4 de 5 partidos, afianzándose como titular.

¿Cómo lo hizo? Para mí –y sé que mi opinión se cargará pasiones y hasta de nociones poco vinculadas, como que alguna vez trabajé en Televisa–, lo hizo espléndidamente. Contra Alemania fue superado sólo en los más expuestos manos a mano y contra Portugal consumó atajadas soberbias. Se dirá que para eso está, se dirá que Talavera u otro lo mismo hubieran hecho, se dirá que si tan determinante resultara ya jugaría en un gran equipo europeo, se dirá que no es para tanto. Según yo, sí lo es. Según yo, el debate ya es absurdo.

Dentro del reguero de pólvora y polarización que hoy tenemos por selección, la portería tiene que ser el último inciso. Tiene que serlo, en virtud de lo que Ochoa ha vuelto a entregar.

Twitter: @albertolati