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Desde tierras mundialistas

  • Alberto Lati

¿IDENTIFICACIONES con fotografía, como mecanismo para combatir el hooliganismo? La idea tiene en el aire por lo menos década y media, pero ahora Rusia 2018 intentará convertirla en realidad.

Cuando se acercaba el Mundial de Corea-Japón 2002, crecía el miedo hacia un nuevo tipo de terrorismo; recordemos que se trataba del primer gran evento posterior a los atentados del once de septiembre en Nueva York y que la incertidumbre en el planeta era mucha: si un país sería bombardeado, si un presidente sería derrocado, si una invasión sería consumada.

Bajo ese contexto, la FIFA ideó un esquema que le sirviera al mismo tiempo para combatir otros dos males evidentemente menores: el hooliganismo (todavía en Francia 98 y la Euro 2000 los disturbios habían sido horrorosos) y la reventa (fortalecida en la segunda mitad de los noventa por la consolidación de internet y el chat entre extraños).

Así, cada boleto llevaría impreso el nombre de su comprador, quien, a su vez, antes de poder adquirirlo habría pasado por determinados filtros: un listado otorgado por países como Inglaterra, Holanda, Irlanda, Argentina, señalando a sus aficionados más violentos.

Llegados los partidos, lo de los nombres no funcionó y varios López (o Smith, o van der Meyde) ingresaron al estadio con boletos marcados para Takahara o Hikosaka. Lo que realmente llevó a puntos mínimos el hooliganismo en el Mundial 2002 fue un gran trabajo de cooperación internacional; ya en migración de Tokio y Seúl, donde varios rijosos fueron rechazados; ya en plenos estadios, con agentes de los países de afición más agresiva infiltrados entre las turbas de seguidores (ejemplo que pude presenciar: en el vuelo Tokio-Sapporo, previo al temido Inglaterra-Argentina de la primera ronda, cinco individuos entraron al baño del avión a disfrazarse de aficionados radicales).

A raíz de las trifulcas que incluyeron a seguidores rusos en la pasada Eurocopa de Francia (pero también del documental publicado por la BBC, donde líderes hooligans de Rusia ven la Copa Mundial como batalla campal), la FIFA busca frenar el problema en el aeropuerto mismo. Por ello, según se dice, las visas rusas serán sustituidas por esas tarjetas de identificación con fotografía, sólo expedidas a los aficionados que no tengan antecedentes violentos; sin ID no habrá acceso al estadio.

Parece una soberbia medida, aunque el hooliganismo estará erradicado si y sólo si, las autoridades locales controlan a la afición del anfitrión…, y en un país con las particularidades de Rusia, con su inteligencia, con el control de su policía, sin duda así será.

El genuino riesgo crece cuando el Mundial se juega en un sitio de fronteras abiertas, como lo son las naciones de la Unión Europea (por eso suelo insistir que Alemania 2006 ha sido el mayor triunfo en ese sentido). Con las restricciones de acceso a territorio ruso, con el conocimiento constante de dónde se ubica el visitante (por ejemplo, en los hoteles se firma una hoja), con el añadido de esa tarjeta de identificación, la FIFA no tiene más que estar pendiente de los hooligans locales.

Lo anterior, por mucho que amenacen en un documental y por mucho que hayan destruido, lejos de su policía, en la Euro de Francia.

Twitter/albertolati