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Desde tierras mundialistas

  • Alberto Lati

Limpiar la FIFA, corregir sus abusos del pasado y superar una etapa marcada por la corrupción tomará mucho más que el simple retiro de una placa en su fachada.

Gianni Infantino, más apegado desde su elección a combatir la percepción que a atacar la realidad, bien debería comenzar por lo relevante. Y lo importante es la cancha, y lo relevante es el juego, y lo relevante es el Mundial, deteriorado su nivel a tales proporciones que en 2028 integrará a una cuarta parte de las Selecciones Nacionales del planeta, porque el dinero nunca es suficiente en esa fortaleza de Zúrich.

Después de proteger los intereses medulares, habría de proceder a algo que ni siquiera insinuó en su campaña: analizar cómo se otorgaron sedes como la de Qatar 2022, proceso en el que su mentor, Michel Platini, jugó un rol medular (la famosa cena en el Palacio del Eliseo en París con el entonces presidente francés y el emir qatarí; la contratación de su hijo Laurent con un altísimo cargo en una empresa perteneciente al mismo emirato; su admisión de que votó por Qatar pese a que estaba comprometido a hacerlo por Estados Unidos). En este espacio he enfatizado varias veces que el Mundial del 2022 no fue, ni por mucho, el primero otorgado de forma dudosa –basta con ver los escándalos abiertos en contra de Alemania 2006 o Sudáfrica 2010–. Como sea, ninguna concesión tan absurda como para haber ignorado el clima en julio el Golfo Pérsico, lo que desembocó en desplazar el certamen a noviembre y en un eventual desastre de calendario.

Como parte de ese mismo inciso, Infantino tendría que aproximarse tanto a la reciente declaración del COI, que obligará al país sede de los Juegos Olímpicos a respetar los derechos humanos de quienes erijan sus instalaciones, como a un ultimátum lanzado esta misma semana desde la Organización de las Naciones Unidas: si para noviembre no hay evidencia de un cambio en la forma de ser tratados los trabajadores en Qatar, será sometido a una exhaustiva investigación.

Muy bien lo de la placa que incluía nombres como los de Blatter, Platini, Jack Warner, Julio Grondona, Mong Joon Chung, sinónimos de un pasado siniestro. Insuficiente y hasta demagógico si esto no es acompañado por otro tipo de medidas, más enérgicas.

Twitter/albertolati