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Desde tierras mundialistas

  • Alberto Lati

Hace un par de décadas con Havelange, lo mismo recientemente con Blatter o en la actualidad con Infantino, la FIFA vive y depende de la Copa del Mundo.Su calendario puede estar saturado de Mundiales de Clubes, Copa Confederaciones, Mundiales Sub-17, Sub-20 y torneo olímpico tanto masculino como femenino, incluso futbol playa. No importa: el único negocio emerge cada cuatro años con el Mundial. Sus cifras en 2016 son las peores que jamás haya reportado, con 369 millones de dólares en pérdidas, acentuados por tres motivos; por un lado, los 50 millones destinados a defenderse de acusaciones y persecuciones legales; por otro, las mayores ayudas/donativos que Infantino prometió a las distintas federaciones del mundo; como complemento, el legado de Blatter, que comprometió fondos a causas hoy inútiles como un hotel.

La sangría no para ahí, con un 2017 en el que tiende a perder todavía más millones de dólares, así como en 2015 perdió unos 100.

Sirva lo anterior para comprender la fragilidad de la FIFA. Es verdad, si Rusia 2018 se comportara como se espera, servirá para compensar y maquillar todo: no menos de 1,400 millones de dólares netos y directos.

Pero, ¿y si los patrocinadores siguen huyendo, como ya sucedió con la crisis que precedió a las elecciones de 2016? Entonces, la FIFA estaría destinada a la bancarrota.

Antes de avanzar en más números o más allá de considerar que algunos sponsors chinos reemplazaron a los occidentales que se alejaron, reparemos en un punto: si la FIFA, propietaria del evento más seguido y mediático del planeta, está en el alambre, es porque crónicamente ha sido saqueada.

De tal forma que si Infantino pretende no llegar al año mundialista con el agua al cuello, requiere de algo más importante que hacer rentables sus torneos alternativos: eliminar la corrupción intrínseca al organismo.

¿De cuánto dinero podemos hablar? Imposible precisarlo, pero algunas estimaciones llevaron a creer que no menos de 100 millones de dólares por el equipo de Blatter en un año específico.

La FIFA, propietaria de una mina de oro, la ha explotado tan desfachatadamente y en beneficio de tan pocos, que hoy se sostiene sobre una base absurda. Ahí tenemos a los dueños del millonario balón, con la calculadora en la mano, asomados al precipicio.

No caerán, lo saben, porque el futbol es demasiado generoso.

Twitter/albertolati