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Desde tierras Olímpicas | Alberto Lati

  • Alberto Lati

Trayectorias tan distintas, tiempos tan opuestos, nos cuesta creer que los dos más grandes tenistas suizos en la historia, Roger Federer y Martina Hingis, sean prácticamente de la misma edad.

La dieciséis veces campeona de Grand Slam (cinco en singles, once en dobles), nació en septiembre de 1980, al tiempo que el ganador de diecisiete Grand Slams (más que ningún hombre) lo hizo en agosto de 1981. Menos de un año de diferencia, aunque fácilmente nos podríamos llevar otra impresión.

Hingis escaló a la mayor de las cimas de la raqueta teniendo apenas quince años. En ese mágico 1996 se coronó en los dobles de Wimbledon. Un año más tarde ya era la mejor del planeta; triunfo en el Abierto de Australia, Wimbledon y US Open, habiéndole faltado apenas el Roland Garros; entraba en los diecisiete años y el mundo le pertenecía. Su hegemonía, sin embargo, duraría poco. Las lesiones emergieron, tanto como una pérdida de concentración terrible. La niña se había hecho adulta y no sabía como sobrellevar tamaña presión. En la final del Abierto francés de 1999, tuvo sometida a Steffi Graf hasta que una decisión polémica la llevó al mayor de los berrinches, incluso efectuando su saque por debajo. Con la genialidad de Hingis, solo pudo el absurdo.

Ese 1999 que vio a Hingis ganar sus últimos grandes torneos en singles, vio surgir a Roger Federer. Menos joven aunque infinitamente más sólido, desde entonces no ha cesado ese poderío, cerrando este 2015 en la segunda posición ATP.

Río de Janeiro 2016 será testigo de un gran momento cuando las dos leyendas hagan pareja en dobles mixtos. Roger ya tiene un oro en dobles varoniles y una plata en singles; ahora va por esa otra presea que falta a su inalcanzable palmarés.

Solo leer que se oficializaba la dupla, apuré a revisar sus edades: casi iguales, aunque Hingis remite a otra era, al tiempo que Federer parece perpetuo.

Al margen de lo que venga en singles con los mejores exponentes del mundo, el complejo de raqueta de Barra de Tijucase deleitará con ese instante.

Twitter/albertolati

/arm