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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

Una canción de Tim Maia, muy repetida en Río de Janeiro, clamaba: “De Leme a Pontal, no hay nada igual”. Canción que celebraba la extensa franja de playa carioca, desde el inicio en Copacabana, hasta el final, 32 kilómetros al oeste, en la Praia do Pontal, justo a un costado de la llamada Piedra de la Macumba.

Ahí, el pasado 19 de agosto, el sol caía a plomo en eso que los cariocas llaman invierno. Costaba caminar hasta por la playa donde supuestamente la brisa algo tendría que aliviar; costaba resistir a ese taladro que fundía desde el cielo.

Tanto calor que ese circuito de dos kilómetros a ser recorrido diez veces por las marchistas, salía de foco ante nuestros ojos.

Desde un inicio, sin esperar a nada ni nadie, sin poner en manos ajenas su cita con el destino, Guadalupe González tomó la cabeza en la carrera. Ella, en su cita con el podio, a lo suyo. Desde entonces y hasta el final, resignada a que viviría rodeada por tres machistas chinas, por tres guerreras de terracota que no se le despegarían.

Pronto comenzaron los abandonos, las que salían semiconscientes y en camilla, las que lloraban de impotencia.

Llegadas al último par de kilómetros era asunto de solo cuatro marchistas: Lupita contra la Muralla China. Al final, esta mexicana de plata, no celebró. Nuestro país estaba urgido de medallas que apenas llegarían en pleno final de esos Juegos, mas Guadalupe salía de Pontal desilusionada, insatisfecha.

“Tengo que trabajar más. No me alcanzó. Me falta esforzarme más”, me decía viendo al piso, quien bien tiene que ser vista para arriba por todos los mexicanos. “Las chinas me venían coyoteando. Pero yo no tengo excusa. Yo quería oro. Me falta trabajar más. Ganaré algún día ese oro”.

Palabras que estremecen. Palabras que resumen el sentido no del deporte, sino de la vida misma, del concepto del éxito, la perseverancia, la ambición.

Día inolvidable aquel en Río 2016. Después vendría el sábado mágico con María del Rosario Espinoza, con Ismael Hernández, con Germán Sánchez, pero ese viernes 19 de agosto, pasará a la historia con Lupita como símbolo de todo lo que no hacemos, de todo lo que nos conformamos, de todo lo que en excusas dejamos.

Tanto como para conceder que de Leme a Pontal, no hay nada igual. La canción no miente. No ante la Piedra de la Macumba. Macumba que urgia en Río 2016 y llegó en las incombustibles piernas de Guadalupe.

Twitter/albertolati