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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

Ningún elefante blanco más inesperado que ése: no solo uno de los mayores santuarios del deporte que jamás hayan recibido Mundial y Olímpicos, sino, además, ubicado en una de las ciudades más futboleras del mundo.

Pese a todo eso, el Maracaná de Río de Janeiro ha abierto este 2017 en grave abandono, según revelan las imágenes obtenidas por la cadena Globo; con su pintura descarapelada, con su césped en pésimo estado, con la inexplicable ausencia de hasta 7 mil gradas, con la estructura superior lastimada, con despojos y restos de materiales de construcción regados en cualquier lugar.

Tanto gastó Brasil en poner el Maracaná a punto para el Mundial y Olímpicos (más de mil millones de dólares entre todas las fases de remodelación), que resulta increíble que apenas unos meses después de despedir la flama olímpica, el escenario esté en semejante precariedad, incluso con cortes de electricidad.

A eso se añade la problemática de su mantenimiento. Todos los convenios previos para cargar con ese monto mensual hoy vuelven a discutirse y analizarse, sin dejarse de enfatizar que las autoridades olímpicas y el Gobierno de Río lo devolvieron con notables carencias.

Si eso le sucede al Maracaná, donde desean jugar a cada semana gigantes como Flamengo o Fluminense, es fácil pronosticar lo que acontece a los estadios que no tienen tan automática función. Así, podemos pensar en el Nido de Beijing 2008 (esa joya diseñada por AiWeiwei, hoy apenas útil para visitas guiadas) o en tantos más. Una vez marchados FIFA o COI, el primer problema es hallar uso al inmueble, pero aun con esa incógnita despejada, viene un segundo, que es pagar su costosa renta.

Por ello, por ejemplo, el París St. Germain nunca se mudó al Stade de France y se aferró al viejo Parque de los Príncipes; de otra manera, los números no le salían.

Las experiencias de mega-eventos deportivos del pasado han de servir para planear mejor los que han de venir. Sin embargo, las lecciones parecen del todo ignoradas y un vistazo a Tokio 2020, sirve como argumento.

¿Otro caso? La millonada que costó la adaptación del Estadio Olímpico de Londres para convertirse en casa del West Ham.

Que el Maracaná esté en esa condición a solo medio año de sus Olímpicos, dice mucho del Brasil actual, pero también de la errónea orientación de estos Juegos.
Twitter/albertolati