imagotipo

Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

La mejor actuación japonesa de la historia será en los Juegos de 2020 por varias razones; la primera por ser anfitrión, con lo que se traduce en medallas el apoyo de las gradas y los mayores fondos económicos para preparación; la segunda, por la curva al alza de la delegación nipona, con su récord de más preseas cosechadas primero en Londres 2012 y luego elevado en Río 2016, proceso que persigue su clímax en tres años y medio; la tercera, por un factor adicional: la inclusión del karate como disciplina oficial a partir de Tokio 2020.

De los 10 podios en disputa para combate o kumite, más los que premiarán kata, es de esperarse que la bandera local suba no menos de seis veces, lo que representa una sustancial diferencia para el medallero. Eso tendría que bastar para que Japón esté por lo menos en el top-cuatro, acaso solo detrás de EU, Gran Bretaña y China (Rusia es hoy una incógnita).

Para que el karate incursionara finalmente en el programa olímpico, ha sido necesario un largo camino más geopolítico que deportivo. Cuando Tokio recibió los olímpicos en 1964, su Comité Organizador logró sumar una disciplina de amplia tradición local, aunque por entonces desconocida en buena parte del mundo: el judo.

Un par de décadas después, se pretendió agregar al karate, por ser mucho más universal que el judo, pero Corea del Sur logró convencer a los delegados del COI de que sería más justo dar paso primero al taekwondo, toda vez que ya existía un arte marcial japonés. Así, desde Sídney 2000, ese deporte coreano ha estado y, por cierto, siempre dando medallas a México.

Entonces China luchó por empujar a kung-fu o wu-shu, justo cuando su economía se convertía en primordial y deslumbraba al mundo con los Juegos de Beijing 2008. Eso hizo que Japón volviera a presionar con el karate, triunfo sellado desde que Tokio obtuvo la sede de 2020.

¿Cuánto durará? No está claro que vaya a ser tan perpetuo como el judo o el taekwondo, con las revisiones que serán cada cuatro años. Por lo pronto, lo tendremos en Tokio y de él se beneficiarán los de casa, aunque no tanto como con el judo en 1964, cuando todos los oros fueron nipones.
Twitter/albertolati