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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

Que la nueva FIFA no es muy diferente a la vieja, hoy se puede constatar. Incluso podemos decir que es la misma y que los convulsos años 2014, 2015, 2016, dejaron escasa transformación en el organismo.

Desde que Gianni Infantino habló en su campaña presidencial de duplicar las ayudas económicas a cada federación, mediante el programa Goal, resultó evidente que recurría a la vieja fórmula de Joseph Blatter de asegurarse votos a través del reparto de fondos (los cuales, vale la pena decir, suelen ser escasamente fiscalizados y a menudo desviados en cada país). El mismo Infantino que para la ampliación del Mundial a 48 selecciones, retomó el viejo modelo de Joao Havelange de pagar con esa otra moneda tan útil para granjearse apoyos y elecciones: plazas mundialistas.

El año de las turbas, de los populismos, de Brexit y Trump, tenía que ser seguido por un enero deportivo en similar línea. Ya puede estar convencido Infantino de que Madagascar, Curazao, Tailandia, le concederán su voto en 2019. Ya puede estar también tranquilo en términos económicos: el Mundial generará al menos mil millones de dólares más, monto que se elevaría exponencialmente si se meten selecciones de países tan poblados como China o India.

Un incidente durante la Gala del lunes, que proclamó a Cristiano Ronaldo mejor futbolista de 2016, sirve como lápida: seis costosos relojes que serían obsequiados a los ganadores principales, desaparecieron en algún momento. Cada uno tasado en cien mil dólares y otorgado por el patrocinador, nos recordó al incidente que manchó a la cúpula directiva del futbol en Brasil 2014; a unos días de la apertura del Mundial, la Confederación Brasileña distribuyó entre el Comité Ejecutivo de la FIFA hasta 48 relojes, cada uno de 25 mil dólares, acto contrario al reglamento ético conocido por todos los beneficiados.

Ante toda voz que pretenda convencernos de una transformación en la FIFA, de un progresismo, de una salida del oscurantismo, los hechos hablan con rudeza: reparto a cada país con el programa Goal, destrozos del torneo más importante para asegurar dinero y apoyos, nula investigación del proceso de adjudicación de sedes a Rusia y Qatar, omisión de las condiciones laborales de quienes erigen los estadios en el Emirato, robo de relojes en plena Gala… Sólo otro día más en Zúrich. Nada de qué sorprendernos.
Twitter/albertolati