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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

¿A qué le teme Brasil durante los Juegos Olímpicos? Pregunta basada en la petición, surgida esta misma semana, de sacar al ejército a las calles de Río de Janeiro en el evento.

Porque Londres, al colocar portamisiles pegados al Parque Olímpico en 2012, obviamente temía a ataques terroristas, como Beijing en 2008, con sus limitaciones a desplazamiento de extranjeros y restricciones civiles en general, temía evidentemente a que se alborotara o saliera del orden su población… Pero, ¿Brasil con los soldados llamadosa patrullar la urbe carioca?

La respuesta obvia es que al terrorismo, por mucho que este país sudamericano no tenga un genuino enemigo o agente externo que le pretenda hacer daño. Ya se ha dicho muchas veces que los reflectores intrínsecos a este evento, lo hacen magneto de amenazas: es un instante ideal para dar notoriedad a cualquier causa (por justa o atroz que sea) y eso obliga a máximas precauciones.

Sin embargo, la respuesta más aproximada a la realidad, es que Brasil teme a la situación actual de su sociedad: descontento y polarización que pueden desencadenar descontrol, violencia, caos. Eso permite comprender por qué, en esa petición de integrar al ejército a las labores de patrulleo, se habla explícitamente de vigilar algunas favelas cercanas a instalaciones olímpicas.

El miedo en Río se parece más al de Beijing (a lo local) y difiere del de Londres o, por poner otro ejemplo, al de la Eurocopa en Francia: sus temores están adentro.

Según cifras que recoge Folha de Sao Paulo, los homicidios dolosos de abril de 2016 son mayores en casi 40 por ciento, a los suscitados en el mismo mes del año previo en Río de Janeiro. Números como para alarmarse, aunque, siendo sinceros, tampoco para sorprenderse: ¿quién dijo que era fácil organizar unos Juegos Olímpicos en un país con las vicisitudes del Brasil actual? Humor social desplomado, rencor por doquier, incertidumbre, crisis económica, molestia por el desembolso que supone albergar los mega-eventos deportivos e
inevitable anarquía (lo que parecía pacificado o reconciliado, de pronto no lo está tanto o no lo está en absoluto).

Un proyecto de seguridad olímpica implica años de planeación. Por ello, genera perplejidad que a dos meses de la inauguración se esté sugiriendo la salida a las calles del ejército. Como sea, no nos olvidemos de dos factores: el primero, que hoy hay otro gobierno en Brasil; el segundo, que Londres, aun con sus afanes de impecabilidad británica, añadió a miles de soldados al plan deseguridad olímpica a pocos días de arrancar sus Juegos.

Twitter/albertolati