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Desde Tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

Alberto Lati

 

¿SE acuerdan de que hasta 11 ciudades candidatas pujaron con todo por los Olímpicos del año 2004? ¿Y de las diez que desearon los de 2008? ¿O de las nueve visitadas y evaluadas por el COI para los de 2012? ¿O de la férrea competencia final por quedarse con los de 2016: Lula y Pelé por Brasil, los Obama y Oprah por Chicago, los reyes españoles y Samaranch por Madrid, los amos japoneses de la tecnología por Tokio?

Eso, sin embargo, queda muy lejos. Para los Juegos de 2020 sólo hubo cinco aspirantes iniciales y tres en una ronda final que vio imponerse a la capital nipona con una pasmosa facilidad. Eso sí, ahí Roma instauró un hábito que se empieza a convertir en recurrente: postularse y luego, tras percibir que no cuenta con apoyos locales, abandonar.

Estamos a unos meses de que el COI someta a votación la sede de 2024. No sólo han claudicado muchísimas ciudades ya por referendos adversos, ya por negativas de su clase política, ya por confirmar que no tienen soporte económico (Estambul, Madrid, Boston, Toronto, Hamburgo, de nuevo Roma), sino que ni siquiera parece que las tres postuladas se vayan a mantener.

Budapest siempre supo que con París y Los Ángeles como rivales, sólo una enorme sorpresa le concedería esos Juegos. Está el precedente de Río 2016, fortalecido por un factor que comparte con los húngaros: representar a toda una región que jamás ha recibido el fuego olímpico. Como sea, la ciudad atravesada por el río Danubio no sólo competía con dos celebérrimas urbes internacionales, sino también con su propia gente. Desde un inicio hubo fuertes presiones para llevar la decisión de postularse a un plebiscito. Esa noción fue pospuesta, mas no así el afán del pueblo húngaro de expresarse. Hoy, a siete meses de la asamblea definitiva, la cabeza de esa potencial sede ha admitido que no existen posibilidades reales; más de un cuarto de millón de personas han firmado en contra y no sería extraño que Budapest abandonara.

Así que sólo quedan parisinos y angelinos. Como ya dije antes en este espacio, París vencerá con serenidad a Los Ángeles siempre y cuando su partido de extrema derecha no se imponga en las elecciones generales de abril-mayo. Para Estados Unidos, con Trump enemistado con buena parte del planeta y con tantos delegados deseosos de devolver una cachetada a quien ofendió a su país, el camino luce muy intrincado…, o no tanto. Al COI se le acaba de antojar el síndrome FIFA y especula con dejar a París 2024 y a Los Ángeles 2028 (proceso, el de estos últimos Juegos, que no ha empezado y entonces no llegaría siquiera a empezar)

Dudo mucho que se otorguen dos sedes este año, visto el desastre que aún persigue a la FIFA tras hacerlo con los Mundiales 2018 y 2022. Lo que no quita el tema primordial, conocida la huida de Budapest: que ya son poquísimos quienes quieren ser anfitriones. De 11 a sólo dos en apenas veinte años.

Twitter/@albertolati