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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

A cuatro semanas de que se determine si los atletas rusos son admitidos en Río 2016, luego del escándalo de dopaje institucionalizado y oculto por altas esferas en este país, Rusia ha sacado a la principal y más mediática de sus cartas.

Yelena Isinbayeva ha amenazado con acudir a un tribunal de Derechos Humanos en caso de que el veredicto sea adverso. “Espero que se resuelva favorablemente. Estoy indefensa, no me dan ninguna posibilidad de competir. Merezco estar en Río porque es mi derecho. Si no estoy presentaré una denuncia por discriminación en la Corte de los Derechos Humanos”, explicó la carismática pertiguista.

Su camino desde Londres ha sido complicado. Se especulaba que se retiraba (no olvido una entrevista que le hice en 2012, donde empezaba a abrir la puerta a otro ciclo olímpico y bromeaba conmigo que si lo hacía, yo tenía que garantizarle que sería ganando oro), fue madre y, tras ello, decidió regresar al entrenamiento para llegar a esta justa. Un camino que incluyó, además, alguna controversia política, cuando defendió la llamada ley anti-propaganda gay promulgada en su país.

Como sea, Yelena no miente: es injusto que paguen tantos justos por algunos pecadores, aunque ha de comprender que estamos ante el mayor escándalo de dopaje desde las épocas de la extinta Alemania Oriental. Estados Unidos tuvo varios casos más o menos recientes, pero auspiciados por entidades privadas; en la situación de Rusia, toda investigación ha llegado hasta altas capas del Gobierno.

Por poner un paralelo, Bulgaria no podrá competir en halterofilia por terceros Juegos consecutivos, debido a que no ha logrado probar una genuina intención de acabar con el dopaje en esa disciplina.

En caso de no existir absolución, está abierta la opción de que Yelena compita bajo bandera olímpica, pero eso también tiene complicaciones: porque Rusia continúa formando parte del evento (no como los países que no acuden, por ejemplo, por boicot) y el castigo sería exclusivo en contra de sus exponentes de pista y campo, como lo es Yelena.

Creo que en este duelo, con altas dosis de geopolítica e intereses extradeportivos, Rusia hallará el perdón. En lo que llega la resolución, Isinbayeva, consciente de su peso específico, ha hecho su parte en esta historia.

Nada más conmovedor que ver a la plusmarquista teniendo que parar la video-declaración para atender a su hija. Algo que, además, es cierto: tiene especial mérito haber vuelto a su mejor nivel tras experimentar la maternidad.

Twitter/albertolati