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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

Visto en términos de carreras, el skateboarding rebasó por la derecha (o, a su estilo, espectacularmente sobrevoló) a infinidad de deportes que desde mucho tiempo antes buscaban un sitio en el programa olímpico.

Una vez admitido junto con karate, escalada, surf y el regreso de beisbol/softbol, el COI fue sincero en voz de su titular, Thomas Bach: “Los cinco deportes ofrecen una innovadora combinación entre lo ya establecido y lo que viene emergiendo, eventos enfocados en jóvenes que son populares en Japón y añadirán un mayor legado a los Juegos de Tokio”.

De forma tal que la razón medular para la votación por la patineta en 2013, fue entender (no con poca humildad) que los Olímpicos no estaban llegando a los jóvenes y que si se quería ampliar posicionamiento, audiencias, ventas, resultaba imprescindible recurrir a esa especialidad tan consolidada entre diversas tribus urbanas y tan vistosa en una transmisión televisiva.

Por poco ortodoxo que resulte o se considere el skateboarding, nadie puede refutar que se trata de un deporte que exige alta preparación y talento. Tampoco, su universalidad, con más de once millones de practicantes en unos cien países en el mundo (para ingresar al programa olímpico se exige presencia en al menos 75 naciones); once millones de skateboarders a los que se puede denominar profesionales, aunque, por la naturaleza misma de la disciplina, sea difícil marcar el límite entre el ejercicio amateur y el formal.

Igual de complejo ha sido el equilibrio entre dos federaciones que mantenían cierta pugna por controlarlo. Por un lado, la FIRS, que agrupa a las actividades sobre ruedas; por otro la ISF, más apegada a juntar a los mejores skaters y organizar torneos. Por ello, un gran triunfo del COI ha sido, justo unos días atrás en Tokio, consolidar ese balance y conformar una comisión que integra a esos dos organismos.

¿Polémica inclusión? Para muchos, sí, pero igualmente lo fue cuando la competencia de jalar la cuerda salió de los Juegos tras Amberes 1920. O cuando el taekwondo, señalado de inicio como capricho político coreano, se adelantó a karate japonés y kung-fu chino en 2000.

Así como en la anterior etapa de inclusión, en el COI entendieron que no podían prescindir de dos clásicos como rugby y golf, ahora se ha asumido que decenas de millones de jóvenes, desvinculados de atletismo, natación, gimnasia, de los “deportes tradicionales”, se habían alejado sin remedio de los Olímpicos.

El exitoso ingreso de ciclismo BMX ya marcó cierta pauta. Ahora el skateboarding, cuyo modelo de competencia para Tokio 2020 al fin ha sido aprobado, lo seguirá haciendo.

Twitter/@albertolati