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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

NO había posible regreso del beisbol al olimpismo si no se daba bajo una circunstancia clara: incluir en su competencia a los mejores peloteros del planeta.

De eso saldrían beneficiados todos: los Juegos Olímpicos, por un espectáculo comparable a lo que supone el del basquetbol plagado de las mayores estrellas de la NBA; este deporte, al lograr exponerse a tamaña vitrina con sus mejores elementos; y las Grandes Ligas en específico, conscientes de que se han ido rezagando en su afán de alcanzar mayores cuotas de posicionamiento y televidentes en culturas remotas (en ese sentido, la NFL, pese a que el futbol americano es menos practicado y extendido, se ha ido devorando al bat)

Bajo ese entendido, la ausencia del beisbol del programa olímpico se limitó a sólo dos ciclos (Londres 2012, Río de Janeiro 2016) y se aprovechó la pasión nipona por la pelota caliente para consumar el retorno en Tokio 2020.

De inmediato volvió una añeja fantasía olímpica: al fin conformar un Dream Team de beisbol, con los mejores exponentes del deporte estadounidenses.

Un bullpen que incluyera a Kershaw, Verlander, Bumgarner; una batería que amenazara con LeMahieu, Murphy, Trumbo.

Tan añeja como lo fue abrir el cuadro de tenis a los máximos referentes de ATP y WTA, como lo mágicamente acontecido con el propio baloncesto o como lo que, no con pocos problemas con FIFA, se ha intentado en el futbol internacional.

El veterano Ichiro Susuki con el anfitrión Japón, Adrián González con México, Miguel Cabrera con Venezuela, José Quintana con Colombia, Shin-soo Choo con Corea del Sur y un suntuoso etcétera.

Sí, suena maravilloso, pero aparentemente no podrá ser. Desde las Grandes Ligas se ha admitido que, pese a haberse contraído el torneo olímpico a seis días, es poco viable que se permita la participación de los de la Gran Carpa. Flota una posibilidad: así como los Olímpicos de invierno negociaron con la NHL para que prestara a sus estrellas a Sochi 2014, pagar cierta compensación a la MLB. Camino, no obstante, difícil.

El calendario, en el punto álgido de la campaña, no es sólo incómodo para el beisbol: lo es para el futbol, ya con su temporada europea arrancando, para el tenis a mitad de los Grand Slam, para el golf que padece mucho ser fuerte en su regreso. Como sea, las Grandes Ligas, diluidas en expansión a países nuevos, tienen que entender que en ese esfuerzo radica su crecimiento.

El Clásico Mundial, de momento jugándose, es por demás maravilloso y de alto nivel. Como sea, apenas visto por las culturas no iniciadas en esta disciplina. Caso distinto, los Olímpicos son el genuino aparador. Aparador que, de ser desperdiciado sin ligamayoristas, propiciará que muy pronto el beisbol vuelva a salir de estos Juegos.

Finalmente, esa fue la circunstancia inicial para su retorno.

Twitter: @albertolati