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Desde tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

El COI ha decidido caminar muy cerca del precipicio; no sólo eso, temerariamente se ha asomado al abismo y ha terminado por ser empujado por quien menos se lo esperaba; nada menos que por las dos ciudades que pretenden quedarse con los Juegos de 2024.

Si alguna posibilidad existía de que prosperara la moción de otorgar dos sedes olímpicas este año, las ciudades involucradas han sido las últimas en dar la espalda al Comité. La candidatura de París, de modo tajante, clamó el miércoles que de ninguna forma, que no le interesa ir por la edición de 2028; la de Los Ángeles, a manera menos agresiva, enfatizó que se concentra sólo en conseguir la justa de 2024.

Así que la estrategia de Thomas Bach de cuidarse las espaldas ante un escenario en el que, teme, ninguna localidad se postule para albergar los Olímpicos de 2028, tiende a fracasar. Cuesta trabajo entender a Bach, a la luz de que esa medida rompería las reglas y, sobre todo, que ni siquiera ha iniciado el camino de inspección y promoción para 2028. En todo caso, si lo promueve, es por algo; tener a tantas ciudades abandonando la contienda para ser olímpicas en 2020 (sólo llegaron tres a la final) y más aun para 2024 (quedan dos), le tiene muy preocupado: ¿qué si para 2028, entre plebiscitos y acciones políticas, se queda con las manos vacías?

Entonces vio disponibles a dos grandes urbes, como sin duda lo son París y Los Ángeles, y vislumbró esa solución: no desgastarse votando, no dividirse, no enfrentarse, sino contentar a ambas con unos Juegos separados por escasos cuatro años.

En todo caso, si desea postulantes para 2028, su trabajo ha de ir en otro sentido; por principio de cuentas, una base que obligue a no gastar como todo país anfitrión hoy despilfarra; como continuación, mayor distribución de ingresos para quien tanto invierte en recibir a los atletas del mundo; como complemento, un genuino compromiso en materia de derechos humanos que convenza a la población local, de que su vida no se verá cruelmente afectada (como ejemplo muy ilusionante, la reciente firma que obliga a partir de 2024 a eso, a quien reciba una sede olímpica: no más desalojos masivos para hacer terreno a las instalaciones, no más trabajadores maltratados e infrapagados, no más censura).

Pero, ¿París o Los Ángeles dirán que no, si tras ser rechazadas por los votos para 2024, se les concede de inmediato el 2028? Sus declaraciones van en ese sentido y con ellas pretendieron empujar a la propuesta de Bach por el precipicio, pero lo dudo: cuatro años antes, cuatro años después, desean a como dé lugar tener en su casa el fuego de Olimpia.

Lo demás, por ahora, es negociación. Y parte de esa negociación es indignarse, clamando que es 2024 o nada.

Twitter: @albertolati