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Desde tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

  • Alberto Lati

CONTRARIO a lo que logró en buena parte de los deportes, Rusia nunca fue potencia de futbol.

Sí, cuando jugaba como Unión Soviética hilvanó en los años sesenta el mejor momento en su historia con el título en la primera Eurocopa (1960) y una semifinal mundialista (1966), aunque esos planteles no habrían sido lo mismo sin el aporte del resto de las Repúblicas, en especial Ucrania -recordemos que el máximo anotador del equipo soviético fue el ucraniano Oleg Blokhin, el seleccionar más célebre Valery Lobanovsky y que en México 1986 hasta 12 elementos provenían del Dynamo de Kiev.

Sin embargo, ni el más pesimista de los adoradores del balón en Rusia habría pronosticado que se acercarían en tan mal momento a su Mundial. Desde que existe el ranking FIFA, nunca estuvieron clasificados tan bajo (de momento, posición 60) y a eso se añade la desventaja de toda Selección anfitriona: el no tener eliminatorias, propicia un gran vacío competitivo, de puesta a punto, de detección de fórmulas y conjunción de ideas.

El plan era que Fabio Capello guiara ese barco asumido con grandes ambiciones en 2013. Cinco años lucían como la medida perfecta para llegar a 2018 en pleno clímax y con sus ideas bien materializadas. Como sea, ese proyecto probó ser fallido en el Mundial de Brasil 2914 y desde entonces dos seleccionadores han pasado por el banquillo ruso (nuevo desastre en la Eurocopa de Francia, donde nada más acaparó encabezados al hablarse de sus más violentos seguidores).

La conclusión a la que acaso tengan que llegar, es que su generación de talentos no compite con el resto del continente y que bajo condiciones normales, difícilmente calificaría al próximo Mundial.

En la abrumadora mayoría de los deportes (hockey, atletismo, gimnasia, natación, halterofilia, lucha, boxeo, voleibol) Rusia sería sólida candidata al título si recibiera el respectivo Mundial en su territorio. No, ni por mucho, en futbol.

Apenas el viernes cayó en Krasnodar a manos de Costa de Marfil y hoy pasará por una auténtica prueba al recibir a Bélgica en Sochi. Más allá de que será el primer partido formal en la ciudad balneario del mar Negro, tras acondicionar el estadio de los Olímpicos invernales, la presión tiende a elevar demasiado.

En el fondo, y a 15 meses del Mundial, su afición habría de comenzar por aceptar la realidad: que sólo Sudáfrica en 2010, clasificada noventa del planeta, ha llegado peor a su cita en casa con el balón.

Twitter/albertolati