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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

Por primera vez desde que el dopaje es tema, veo argumentos para ser optimistas: no es sólo que se esté atacando el problema actual con métodos cada vez más sofisticados, sino que se está mandando un mensaje claro a los tramposos de otras épocas: que nunca estarán tranquilos, que nunca podrán sentirse seguros de no ser desenmascarados, que nunca será tarde para que salte a la luz su violación de las reglas.

No confundir lo que planteo con una especie de cacería de brujas. Por poner un ejemplo, cada que se ha atacado a Rafael Nadal con base en meras especulaciones y sin análisis o pruebas que justifiquen la acusación, he manifestado que me parece aberrante, una vil difamación.

A lo que voy es a que se tiene que crear un entorno que verdaderamente haga a los deportistas pensar muchísimas veces si se subirán al tren de las sustancias ilegales. Los más de treinta atletas de Beijing 2008, cuyo dopaje apenas hemos conocido esta semana en pleno 2016, gozaron de su gloria por ocho años y al paso del tiempo vieron desplomarse ese castillo de mentiras.

Lo mismo acontecerá pronto con las pruebas de Londres 2012 que volvieron a analizarse y que, no dudo, aportarán más revelaciones.

Suena difícil, pero sería maravilloso que en pleno Río de Janeiro 2016, el Comité Olímpico Internacional entregue las medallas a quienes se vieron relegados del podio por deportistas dopados. Algo de esta dimensión no tiene por qué suceder a la sombra y sin protocolo. Personas que pasaron largas décadas trabajando para ese sueño y que se retiraron resignados a que no lo habían conseguido, de pronto se encuentran ocho años después con una medalla; tendría que pasar en un estadio y ante el fuego de Olimpia ardiendo en el pebetero.

La Agencia Mundial Antidopaje ha abierto otra caja de pandora y lo que salte contribuirá a nuestra desilusión por los titanes a los que se idolatró hace un tiempo, aunque al mismo tiempo dará confianza en quienes son idolatrados en la actualidad.

Otra vez Rusia está en el epicentro (14 casos en Beijing) y eso bien puede dar tintes políticos al asunto. La realidad es que si las pruebas de dopaje son positivas, ya es buena noticia. Mejor será si se tiene la certeza de que todas las delegaciones reciben el mismo trato y no hay intereses/persecuciones de por medio.

Bien la WADA. Nadie que se meta basura para incrementar el rendimiento tiene derecho a descansar con sus medallas colgadas en la pared de su casa.

Twitter/albertolati