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Desde Tierras Olímpicas

  • Alberto Lati

  • Alberto Lati

NO hubo disimulo alguno. No hubo siquiera el afán de mostrar cierta paridad o equidad entre los países postulados para organizar conjuntamente ese Mundial 2026. Bien pudieron posponer los detalles, decir que más adelante darán especificaciones, que se informará de a poco la repartición de partidos y rondas. Pero no, porque a Estados Unidos, que más que encabezar la sede es el dueño de la misma, así lo quiso: dejar claro que sólo corresponderán diez partidos a cada uno de sus vecinos y que a partir de cuartos de final el pastel ya se partirá completo en su territorio.

Las razones son dos: primero, que México y Canadá no suponían obstáculo alguno en su camino a quedarse con el Mundial, que con o sin compañía tienen las mismas posibilidades de ser anfitriones; segundo, que pueden hacer solos todo un torneo para 48, que no necesitan apoyo logístico o en términos de infraestructura.

Eso sí, invitar a México implicó todo un acto de diplomacia, de relaciones públicas, de buscar maquillaje para su imagen internacional. Al decir que el presidente Donald Trump está muy entusiasmado con la sede compartida, apuntaron hacia lo que más gusta a la FIFA: sentir que acerca a los pueblos alejados, que propicia armonía en donde ha dejado de haberla, porque queda claro que el mentado muro ha sido tema en cada rincón del planeta. El único genuino rival de esta sede norteamericana es China. Su muy futbolero líder, Xi Jinping, está loco por recibir el certamen y sus patrocinadores han refrescado con fuerza esas arcas de la FIFA que padecen vacas flacas; si el Mundial fuera a China, muchas empresas más llevarían millones al organismo de Zúrich. Su problema es que 2022 ya está en Asia, por mucho que la distancia de Doha a Beijing sea de miles de kilómetros. Cuando el libre comercio de América del norte está en jaque, cuando más complicada tiende a ser la movilidad y el intercambio entre estos países, paranoias y descalificaciones incluidos, se lanza una candidatura conjunta…, o, más bien, un Mundial de Estados Unidos y en Estados Unidos, con mínimas tajadas cedidas al norte y al sur, diplomacia cuando más se requiere.

Twitter/albertolati