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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

DURANTE dos semanas, exactamente desde que se definieron los contendientes para la segunda vuelta electoral francesa, el candidato Emmanuel Macron acumuló todo tipo de apoyos en el medio deportivo: no sólo figuras como Zinedine Zidane o el multimedallista en natación Yanick Agnel, sino también las cúpulas directivas de Comité Olímpico local, liga de futbol y Tour de Francia.

Proceso en el que la campaña de París 2024, se movió con sigilo, en la más tensa expectativa. Por todos era sabido que con Macron las perspectivas parisinas de ganar la sede serían muchísimo más elevadas que con Le Pen, aunque la campaña no podía externarlo de forma oficial y se refugiaba en el tópico de “estamos más allá de posturas políticas o personajes”.

Finalmente el domingo, pocos minutos después de que se oficializara la elección de Macron, las redes sociales de París 2024 se encendieron. Felicitaciones al nuevo presidente, comentarios realzando su afán de apertura e inclusión, entusiasmo por lo que pueda venir en los Juegos a realizarse en siete años, identificación del movimiento olímpico con su ideario.

París 2024 respiraba aliviada. Desde un principio favorita por encima de su rival, Los Ángeles, su Talón de Aquiles estaba en esa elección.

La candidatura californiana, por ejemplo, de origen estuvo respaldada por círculos cercanos a los Clinton y figuras del Partido Demócrata. Eso le obligó a varios movimientos desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca: sí, inevitablemente exteriorizar el apoyo del magnate, aunque también desligarse de algunas de sus opiniones (la ex atleta Allyson Felix clamando ante los delegados del COI: “Por favor, no duden de nosotros. Necesitamos estos Juegos para ayudar a nuestro país a ser mejor, ahora más que nunca (…) La diversidad de Estados Unidos, es su mayor fortaleza”).

La elección de Macron ha sido por demás oportuna para la causa parisina. Justo en la semana en la que la Comisión Inspectora evaluará a Los Ángeles, la manera de analizar el proyecto no será la misma que si la ultraderechista Le Pen hubiera ganado. Justo, también, cuando de manera formal se ha presentado el grupo de ciudadanos adversos a que Los Ángeles sea seleccionado –algo parecido a lo que, en este mismo trayecto, bajó de la contienda a Boston, Hamburgo, Budapest, Roma.

En cuatro meses sabremos quién se queda la sede, pero los momios se inclinan con solidez hacia París.

Ya después, no se descarta que se otorguen dos Juegos el mismo día y se deje al perdedor como anfitrión para 2028. Sin embargo, la capital francesa ya ha dicho que eso no le interesa, que su plan es para 2024 y nada más.

La última vez que París recibió esta celebración atlética, fue en 1924. Un siglo y tres elecciones fallidas después, la Torre Eiffel espera al fuego de Olimpia.

Twitter/@albertolati