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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

Una de las estampas más maravillosas de Río de Janeiro 2016 tenía que haber sido la de las velas compitiendo al centro de la icónica Bahía de Guanabara, con el morro Pan de Azúcar como imponente corona.

Así como en Atenas 2004 pudimos observar tiro con arco desde el viejo estadio Panathinaiko y viendo hacia el Partenón, o en Londres 2012 las pruebas de marcha ante Buckingham en pleno Green Park, o en Barcelona 1992 los clavadistas volando con las puntas de la Sagrada Familia al fondo, o en Sídney 2000 varias disciplinas junto a la Ópera, o Beijing 2008 con bicicletas alrededor de Tiananmen. Así, Río tenía que haber brincado a la historia con esa imagen de Guanabara.

Como sea, ya se ha comentado mucho que Brasil no logró siquiera acercarse a su compromiso de rehabilitar en un 80 por ciento esas contaminadísimas aguas y ahora todo es esperar que la podredumbrese aleje un poco en plenos Olímpicos.

¿Qué puede emerger por esas aguas? Perros muertos, desechos de todo tipo, muebles viejos, basura en general, sin olvidar que quien ahí se meta está expuesto a algún tipo de enfermedad (nada nuevo si se recuerda que los cariocas suelen nadar en todas sus playas menos en esa, precisamente porque están enterados de esa falta de higiene desde hace muchos años; falta de higiene que se huele con solo pararse a unos metros).

El diario “Folha de Sao Paulo” explica en un artículo de esta semana que si lloviera durante los Juegos, tendrían que posponerse las competencias de vela, pues la lluvia propicia mayores desechos desde las alcantarillas de Río.

Lo ideal hubiese sido cumplir con esa rehabilitación. Más que vías de movilidad, aeropuertos, instalaciones, ese habría sido, sin duda, el legado olímpico más importante: un genuino cambio para beneficio de los locales, para lo que respiran, para donde se mueven. Descartada esa posibilidad desde hace más de un año, la siguiente opción habría sido mudar de sede esa competencia. Si algo sobra en Río y alrededores, son puntos en los que se puede practicar la vela. Claro, ningún paisaje tan emblemático como el de Guanabara, pero, a costo de que trascienda ante el mundo como cañería, y, sobre todo, a costo de la integridad de los atletas.

Tania Braga, gerente de Sustentabilidad de Río 2016, es citada por “Folha” en ese artículo: “Nuestra mayor prioridad es la salud del atleta. Si nuestro monitoreo muestra que hay problemas, la primera decisión es mudar la regata de lugar”.

Me temo que si fueran a mudarla, ya lo habrían hecho, porque la precaria calidad de esas aguas ya se conoce y es algo que no cambiará de aquí al inicio del evento. Visto lo cual, esa gran prioridad que es la salud del atleta, no es tan prioritaria como se dice.

Twitter/albertolati