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Desde tierras olímpicas

  • Alberto Lati

Casi todo se ha hecho más sencillo en la era de internet: acceso a información, sentir que estamos en las gradas de un evento que nos queda a miles de kilómetros de distancia, sencillez para organizar un viaje a competencias en sitios remotos, pero hay un problema inevitable y que no logra ser atajado: la venta de boletos falsos, sea para Mundiales, Olímpicos, Champions League, Eurocopa, Copa América, y un largo etcétera.

En ese sentido, esta semana aparece en la prensa brasileña una noticia que no deja de ser impactante: que una empresa que vendió boletos irregulares para el Mundial 2014, al grado de haber sido arrestado su director, está ofreciendo tickets para Río 2016 desde su sitio en internet; ni siquiera tuvo que cambiar su nombre o ponerse un nuevo disfraz para seguir con esa fraudulenta práctica.

Si eso pasa con quienes ya fueron desenmascarados y hasta sometidos a la ley, qué esperar de quienes se mantienen ocultos.

Siempre repetiré a quien va a un evento de esta dimensión: cuidado. Para quien ya ha gastado en traslado, alojamiento y demás, es inadmisible llegar al país sede para enterarse de que sus entradas son ilegales o que quien las iba a entregar desapareció. Inadmisible, pero muy posible si no se es precavido.

El experto en detección de esos fraudes y creación de anti-virus cibernéticos, KaperskyLab, desde hace más de un año ha estado informando sobre la proliferación de portales que buscan engatusar a los aficionados con boletaje falso para Río 2016. Es tan difícil conseguir sitio en una ceremonia de inauguración o final de 100 metros, que abusan de personas desesperadas por tener una tribuna, al tiempo que envían correos inventando que el destinatario ha ganado una rifa de boletos o venden suvenires que ni siquiera existen.

A su favor está la laxa legislación en esa materia. Al ser un tema relativamente reciente, en muchos sitios continúa siendo posible, algo que, por ejemplo, Londres 2012 remedió regulando y penalizando a todos los revendedores desde 2010.

Gracias a lo anterior, en los pasados Olímpicos cayeron numerosos proveedores ilegales. La noticia más sonada indicaba que 27 agentes, con presencia en 54 países, estaban a punto de vender miles de tickets por precios tan exorbitantes como los 10 mil dólares.

Siempre resulta fundamental diferenciar: esto no es un problema del cual culpar a las autoridades olímpicas o brasileñas, sino del marco cibernético en todo el planeta. En todo caso, sí resulta imperativo que se ocupen y protejan a quien sueñan con acudir a unos Olímpicos, y muy protegidos no pueden estar si quien ya estafó en 2014, está libre para hacerlo en 2016.

Twitter/albertolati